Una de cada veinte muertes en Canadá es una eutanasia, y el Gobierno acaba de pisar el freno

El Gobierno canadiense renuncia a ampliar la muerte asistida a las personas cuyo único problema es psiquiátrico. Detrás hay un informe parlamentario unánime, un aviso de la ONU y una opinión pública partida por la mitad.

Fuente: ReligionenLibertad.com

Cuando Canadá legalizó la eutanasia, en 2016, la presentó como una excepción para enfermos terminales. Diez años después, una de cada veinte muertes en el país es una muerte asistida, y esta semana el Gobierno ha decidido que hay una línea que, de momento, no va a cruzar.

El ministro de Justicia, Sean Fraser, anunció el miércoles en la Cámara de los Comunes que Ottawa no ampliará la llamada MAID (asistencia médica para morir) a las personas cuya única condición sea una enfermedad mental.

«Aunque no hay un consenso perfecto sobre este tema, creemos que este es el enfoque correcto en este momento», dijo, según recoge EWTN News. La exclusión vigente caduca el 17 de marzo de 2027, así que el Ejecutivo presentará este otoño una ley para prorrogarla de forma indefinida. Debe aprobarse en las dos cámaras antes de esa fecha.

¿Por qué ahora?

La decisión no sale de la nada. En junio, un comité mixto de diputados y senadores recomendó por unanimidad mantener indefinidamente la prohibición. Ya en 2024 otro informe parlamentario había concluido que el país «no estaba preparado».

Y en 2025 las Naciones Unidas aconsejaron a Canadá no permitir la eutanasia por motivos psiquiátricos. El propio Fraser admitió en X que hay «serias preocupaciones» sobre si estas solicitudes pueden evaluarse de forma segura y coherente.

A esa cautela se suma lo que dicen los números. En 2024 hubo 16.499 muertes por MAID, el 5,1 % del total, según los datos de Health Canada que cita el think tank Cardus. Cerca de 100.000 canadienses han muerto así desde 2016.

Casi la mitad de los fallecidos en 2024 dijeron sentirse una carga para su familia o sus cuidadores, y más del 63 % de quienes accedieron por la vía de quienes no son terminales (la llamada Vía 2) mencionó angustia, ansiedad o sufrimiento existencial.

Un informe de Cardus de 2025 señalaba además que los grupos vulnerables, también las personas con trastornos mentales, acceden a la eutanasia en proporciones desmesuradas.

¿Y qué opinan los canadienses?

Están divididos, y bastante menos entusiasmados de lo que se supone. Según el Angus Reid Institute (junio de 2026), el 77 % apoya los criterios originales, limitados a enfermos con sufrimiento grave e irremediable y muerte previsible. Pero cuando se trata de la enfermedad mental como única causa, el 43 % está a favor, el 39 % en contra y el 19 % no sabe.

Además, el 74 % opina que el Gobierno debería demostrar primero que hay vivienda, ingresos y atención suficientes para las personas con discapacidad. Entre quienes se declaran religiosos, el 43 % se muestra preocupado por el aumento de estas muertes, frente al 25 % de los no religiosos.

El contraste con el aborto

Conviene recordar el contexto de un país que en materia de vida legisla poco y tarde. Canadá no tiene ninguna ley que regule el aborto desde que el Tribunal Supremo tumbó en 1988, en el caso Morgentaler, el artículo del Código Penal que lo limitaba.

Nadie lo ha sustituido, de modo que es legal en cualquier fase del embarazo y está financiado por el sistema público, aunque el acceso varía según la provincia. La opinión pública es más clara aquí: en una encuesta de Angus Reid de 2022, el 52 % se declaraba plenamente proaborto y solo un 8 % plenamente provida.

Un 41 % se colocaba en un punto intermedio, y el 57 % quería más legislación para facilitar el acceso, frente a un 9 % que pedía restringirlo. La misma sociedad que duda ante la eutanasia psiquiátrica ha dejado el aborto sin una sola línea en el Código Penal.

La letra pequeña

Los grupos provida no lo celebran sin reservas. El mismo día, los liberales votaron en contra de un proyecto de la diputada conservadora Tamara Jansen que habría excluido de forma permanente la eutanasia por enfermedad mental. Perdió por 187 votos contra 141.

Y el Gobierno prepara, dentro de la misma ley, la posibilidad de las solicitudes anticipadas: que una persona con capacidad pida de antemano la eutanasia para cuando, por una enfermedad como el alzhéimer, ya no pueda decidir.

Quebec ya las permite desde 2024, y una consulta de Health Canada de 2025 encontró un 69 % de apoyo. Fraser ha dicho que no piensa separar los dos asuntos en proyectos distintos.

«Una solicitud anticipada la escribe alguien que no puede saber qué le deparará el futuro», advierte Krista Carr, directora de Inclusion Canada, que aplaude lo primero y rechaza lo segundo.

Scott Hayward, de RightNow, habla de «una enorme victoria» por la pausa, pero pide aclarar el alcance de las solicitudes anticipadas. Y Campaign Life Coalition acusa al Gobierno de «jugar con vidas».

Queda una última pieza. La asociación Dying With Dignity, favorable a la eutanasia, tiene un recurso constitucional pendiente contra la exclusión, y el Gobierno federal debe responder antes de diciembre.

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