¿Sufre el feto en un aborto?. La escritora denuncia en su columna que el verdadero estigma no recae sobre el aborto, sino sobre las mujeres cuyas experiencias «no encajan en el relato presuntamente progresista».
Fuente: ReligionenLibertad.com Foto: Mujer embarazada. Camylla Battani en Unsplash
La escritora Ana Iris Simón ha dedicado su columna de este sábado en El País a la respuesta que dio la ministra de Sanidad, Mónica García, cuando una periodista le preguntó si, desde el punto de vista sanitario, puede garantizarse que el feto no sufre durante un aborto voluntario.
«Perdona, no entiendo la pregunta», contestó García. La periodista la repitió con educación. La ministra, según relata Simón, siguió sin entenderla «mientras dibujaba una media sonrisa».
La escena tuvo lugar en la presentación de la nueva campaña del Ministerio de Sanidad sobre el aborto, cuyo objetivo declarado es «combatir la culpa y los juicios» que todavía lo rodean y «reivindicar el derecho a recibir información».
Para la autora de Feria, la paradoja salta a la vista: «Parece que hay información que las mujeres no merecen tener, cuestiones que es inoportuno siquiera plantear».
Una anestesióloga ante la pregunta del dolor
Simón no deja pasar un detalle que convierte la escena en algo más que un tropiezo de rueda de prensa: Mónica García es anestesióloga, y el dolor es precisamente una de las cuestiones a las que responde su especialidad. «Algún asistente pudo pensar que igual la señora García lleva tanto tiempo en el despacho que se le ha olvidado», ironiza.
Tras acusar a la periodista de que su pregunta tenía «una carga de profundidad negacionista del derecho de las mujeres», la ministra zanjó que «hay evidencia más que de sobra que demuestra que no hay sufrimiento».
La columnista recuerda que la cuestión de cuándo puede el feto experimentar dolor sigue siendo objeto de discusión científica, y cita a una de las autoridades en la materia en España, el doctor Reinoso Barbero, coordinador de la Unidad de Dolor Infantil del Hospital La Paz, que sostiene que «la evidencia disponible indica que los fetos tienen la capacidad de responder a estímulos dolorosos desde etapas tempranas del desarrollo que se corresponden con la mitad de la gestación».
Aunque, matiza Simón, el dolor ni siquiera debería ser lo decisivo: «Lo relevante es si hay o no vida, con independencia de cómo se experimente».
¿Dónde está el estigma?
La escritora da la vuelta al planteamiento de la campaña y pregunta cuáles son hoy los estigmas que carga el aborto. Propone mirar a la cultura: cuántos libros a favor y cuántos críticos publican cada año las editoriales generalistas.
Y recuerda el revuelo que se montó cuando a la guionista Diablo Cody, a la que describe como «modernísima», la acusaron de posicionarse contra los derechos de las mujeres por escribir Juno, la película en la que una adolescente embarazada decide no abortar y dar a su hijo en adopción.
Las mujeres a las que nadie quiso escuchar
El ejemplo más reciente lo sitúa en Barcelona. Cuatro días antes de la presentación de la campaña, en la parroquia de Montalegre estaba previsto un acto en el que varias mujeres, una de ellas inmigrante en riesgo de exclusión, iban a contar cómo vivieron su aborto.
«No eran activistas provida, no eran integristas de ninguna religión ni causa, no iban a teorizar sino a hablar de lo que vivieron», escribe. No llegaron a hacerlo: un grupo de feministas irrumpió en el acto al grito de «nosotras parimos, nosotras decidimos».
Simón lo resume con una estocada: el «hermana, yo sí te creo» funciona «siempre que la hermana cuente lo que a la que tiene que creerla le interese». De ahí su conclusión: quizá lo estigmatizado no sea el aborto, sino «las experiencias de quienes no encajan en el relato presuntamente progresista. Las preguntas de quienes no se contentan con un eslogan».
Hay preguntas que no se entienden porque se entienden demasiado bien. Y hay silencios que, en una rueda de prensa, dicen más que cualquier campaña.
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