Conmoción por la carta de una MIR: «Nadie me enseñó a consolar»

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Redacción Médica 28/10/2016

“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. La cita del reconocido Mario Benedetti ha servido de preámbulo de la carta que Sara Yebra, residente de Medicina de Familia y Comunitaria del Centro de Salud La Calzada II de Gijón, escribió tras vivir la experiencia de su primera guardia MIR. Una reflexión en la que, así como otros R1, ha revelado la dicotomía que existe entre los conocimientos adquiridos en el grado y su aplicación en el ámbito profesional.

Yebra se encontró en su primera guardia con una “realidad palpitando descorazonada” que le llevó a encontrarse con “unos ojos con más daños que años que me miraban pidiéndome ayuda”. Una situación que le hizo sentir “desarmada”. Buscó la solución en su formación. “Intenté recordar algo de lo que había memorizado en la carrera. Sé dar puntos, pero ni idea de restañar heridas que no sangran. Busqué en mi cabeza alguna clase magistral y lo único que recordé haber aprendido sobre el sufrimiento fue cual es el PH de una lágrima”, reconoce en la carta.

La incertidumbre le hizo sentir como si durante años “hubiera estado trenzando una honda infinita y me hubieran dado una patada en el trasero para salir al ring, donde me esperaba Goliat. Y no tenía piedras”. Ese fue el instante donde comprendió que, si bien le había enseñado la escala EVA del dolor, “nadie me dijo cómo consolar el dolor de perder a Eva”.

En la carta también reprocha que, durante su formación de grado, “se olvidaron decirme lo más importante, que a veces una sonrisa es analgésica y que el efecto en dosis dependiente y no tiene techo, que una mano en el hombro es el mejor antihistamínico contra la duda y llamar a la gente por su nombre es la benzodiacepina de inicio de acción más corto y de semivida más larga”. Las palabras de Yebra se han vuelto virales en las redes sociales, donde los estudiantes de Medicina y residentes se sienten identificado con ese gran paso profesional: la primera guardia MIR.

La carta de Sara Yebra

La carta de Sara Yebra

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