¿Por qué no estoy de acuerdo con la maternidad subrogada?

LA RAZÓN  1 de febrero de 2017

Apoteosis de la neolengua

por José Miguel Serrano. Miembro del Comité de Bioética

La elegante sustitución del descriptivo y exacto término «vientre de alquiler» por el de maternidad subrogada marca la apoteosis de la neolengua y de la rendición a los intereses de los lobbies y la industria que más manipulan las cuestiones bioéticas entre nosotros. No hay maternidad en cuanto se trata de desvincular ésta precisamente del dato natural y legal que la define: la maternidad sigue al parto. El comprador o compradores reciben un producto bajo contrato y la gestación se convierte en una prestación que esclaviza a la mujer, evidentemente necesitada. De hecho, los grandes países exportadores en esta industria, como Tailandia, India, México y Ucrania, están limitando la compra por extranjeros, toda vez que se han observado los vergonzosos resultados de la generalización de la práctica para ricos del exterior. No hay padres o madres, hay compradores deseosos de que el Derecho cumpla su definitivo capricho, obviando las posibilidades que se abrirían a la maternidad por otras vías menos explotadoras. Las nuevas palabras, por supuesto, encubrirán el proceso, y así tendremos a nuestros tribunales –ya los tenemos de hecho– discutiendo si dos compradores y su compra han establecido ya, o no, una «relación familiar».

La mujer pierde sus derechos

por Alicia Miyares. Portavoz de No Somos Vasijas

La práctica de «vientre de alquiler» exige la renuncia a los derechos filiales de las mujeres, y parece mentira que los gobiernos de diferentes CC AA se declaren favorables ante esta práctica al llevar a cabo su regulación. No han hecho un análisis de fondo de la situación, ni se han parado a pensar en sus posibles consecuencias a largo plazo. Lo que se esconde es que los partidos políticos buscan el voto fácil mediante la regulación y legalización de la gestación subrogada, ya que favorecen a determinados colectivos. La asociación «No Somos Vasijas» nace hace casi dos años tras percibir que se planteaba la regulación de la misma. El objetivo de la plataforma es destapar lo que subyace tras la gestación subrogada y su regulación, tanto la comercial como la altruista.

Cuando explicas el trasfondo del «vientre de alquiler», personas que se declaraban favorables, inmediatamente retroceden. Definitivamente, si tanto gobiernos como ciudadanos se pararan a estudiar esta situación y sus consecuencias, nadie en su sano juicio la aceptaría. El problema es que hay que evitar tratar esta cuestión de forma emocional: el deseo de ser madre puede ser muy profundo e intenso, pero no puede justificar la pérdida de los derechos consolidados de la mujer y su dignidad.

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