Me compraron, como un supermercado, y me quitaron la etiqueta»: el negocio del vientre de alquiler

RELIGIÓN EN LIBERTAD.-15-JUN-2015

stephanie_raeymaekers«Me compraron, como un supermercado, y me quitaron la etiqueta»: el negocio del vientre de alquiler. Las leyes cambian según el país, pero al final hay dinero y presiones y el niño es un producto, que se puede adquirir… y desechar.

«¿El primer beso? ¿La primera casa? ¿El primer hijo? Todo es posible». Este es sólo uno de los muchos mensajes publicitarios que se han difundido en Bruselas el 3 de mayo en un edificio propiedad de esa región del país.

En su interior, un tipo muy particular de exposición, con el título: “Opciones parentales para hombres gays europeos”.

¿De qué se trata? Para decirlo con las palabras de los inventores de este evento, la organización «sin ánimo de lucro» Men Having Babies (Hombres que tienen hijos), es «el congreso más grande en el corazón de Europa dedicado a los hombres gays que quieren tener hijos».

En pocas palabras, una gran feria donde se venden «niños maravillosos, perfectos» a través de úteros de alquiler, con listas de precios para (casi) todos los bolsillos.

Las invitadas eran solo parejas gays, pero una mujer belga, Stephanie Raeymaekers, consiguió colarse y salió «asqueada».

Stephanie Raeymaekers es la fundadora de Donorkinderen, «Hijos de Donantes» y denuncia el daño de esta práctica -la producción y entrega de bebés -en las familias: «no hay un derecho a tener un hijo, lo que de verdad ha de existir es el derecho de los niños a tener padres y conocer su origen»

Para la fundadora de la asociación “Donorkinderen” (Hijos de Donantes, www.donorkinderen.com) «ha sido una experiencia que me ha conmocionado, porque esta gente viene a enseñarte cómo crea a los niños y te dice que todo es normal. Es una locura».

La crítica de Stephanie no está dictada por su pertenencia religiosa, ni por un retraso cultural y ni siquiera por una toma de posición ideológica. Stephanie habla de «locura» sólo a la luz de su experiencia, porque esta locura es su vida.

Al aceptar narrar su historia a Tempi.it, Stephanie utiliza estas palabras para describirse a sí misma: «Soy un producto comprado en el supermercado al que le han quitado la etiqueta».

Efectivamente, esta mujer, concebida en probeta mediante fecundación heteróloga, nació hace 36 años con la ayuda de un donante de esperma anónimo.

Hoy Stephanie vive buscando constantemente a su padre biológico, que según la ley belga no puede conocer, y no sabe a cuantos hermanos y hermanas.

Con su asociación ya ha encontrado a 400 personas concebidas en probeta y junto a ellas lucha para cambiar esas «leyes injustas que no consideran los derechos de los niños, sino que ven a los niños como un derecho».

-Stephanie, ¿cómo has nacido?
-Soy una de las primeras personas concebidas con el esperma de un donador cogido en un banco de semen, hablamos de los años setenta. Mis padres querían tener hijos pero mi padre era estéril. Un médico les aconsejó la fecundación heteróloga, por lo que mi madre tomó hormonas para estimular la ovulación y los tres óvulos que resultaron del tratamiento fueron fecundados in vitro con el esperma de un donante anónimo. En 1979 nacieron trillizos: mi hermana, mi hermano y yo.

-¿Cuándo supiste la verdad sobre tu concepción?
-Cuanto tenía 25 años, porque el médico les había aconsejado a mis padres no decirnos nada. Esta es una maldición, pero no hay que ser ingenuos. Funciona así. Los médicos les dicen a los padre que no hagan más complicada una situación ya compleja.

-¿Y cómo lo descubriste?
-Del peor modo posible. Un amigo de mi hermano lo supo, se lo dijo a su novia, que se lo dijo a mi hermano, que me lo dijo a mí. Lo supe cenando, el día de nuestro 25 cumpleaños. No fue el modo mejor de recibir esta noticia, pero estoy contenta de haberlo sabido.

-¿Por qué?
-Porque entendí muchas cosas. Me expliqué finalmente esa impresión constante de no tener nada que ver con mi padre.

-¿Cómo reaccionaste a la noticia?
-Al principio me enfadé muchísimo, porque mis padres me habían mentido durante 25 años sobre información fundamental para mí, sobre quién me había realmente hecho. Con el tiempo la rabia disminuyó y aparecieron muchas preguntas: ¿quién es de verdad mi padre? ¿Está vivo? ¿Está muerto? ¿Cuántos hermanos y hermanas tengo verdaderamente? ¿Ha dado su esperma a otros? ¿Me parezco a él? ¿Piensa en mí? Sé que no sabe nada de mí, per tal vez piensa en los hijos que han sido concebidos con su esperma. ¿Lo ha hecho por dinero? ¿Para ayudar a los otros? Antes mi vida era simple, ahora es mucho más complicada.

-¿Cómo ha influido todo esto en la vida de vuestra familia?
-Quiero a mis padres y quiero a mi padre, que seguirá siendo tal, aunque no me haya concebido biológicamente. Pero la relación ha sufrido, es normal. Cuando lo supe, mi padre me dijo: «El hecho de que tú no seas mía biológicamente interfiere en la relación que tengo contigo. De hecho, me recuerdas constantemente que soy estéril».

-¿Qué significa haber sido concebido en probeta de un donante de esperma anónimo?
-Me siento como si faltara una pieza del puzzle. Es frustrante porque quiero saber de dónde vengo, pero por ley no puedo. A los 25 años tuve una crisis de identidad, porque siempre me he concebido como hija biológica de una persona que en la realidad no era mi padre. Ha sido muy extraño: todo cambia, aunque permanece igual.

-¿Qué quieres decir?
-Soy consciente de que en alguna parte hay una persona que a lo mejor se parece a mí y a la que estoy unida, que tal vez se comporta como yo, tienes mis mismas características, pero que no conozco. Cuando voy en el autobús o en bici, siempre pienso: tal vez ese es mi padre, ese otro es mi hermano. Es una pregunta constante, sé que este ser humano existe pero no sé quién es. Necesito responder a esta pregunta para definirme a mí misma, pero no puedo.

-¿Por qué has fundado una asociación?
-Hoy tengo una familia y cuando me quedé embarazada, por primera vez me vi reflejada por completo en otro ser humano. Entonces empecé a entender cuánto echaba de menos este aspecto, cuánto me había faltado en mi vida, ha sido un punto de no retorno. Y empecé a luchar.

-Tus padres, ¿cómo se tomaron esta iniciativa?
-Mi madre se sentía culpable, entonces no se daba cuenta de que yo habría tenido estos problemas. Un día me dijo: «Si lo hubiera sabido, no lo habría hecho. Hoy no lo haría». Ella está orgullosa de mí y me apoya.

-Si fueras un político y tuvieran el poder de escribir las leyes, ¿qué harías?
-Me siento como un producto del supermercado al que le han quitado la etiqueta. Sé que he sido comprada. Si un político escribe una ley que permite concebir un hijo con el material genético de una tercera persona, debe tomarse sus responsabilidades e incluir el fundamental derecho del niño concebido de conocer sus verdaderos orígenes, porque aquí hay una paradoja.

-¿Cuál?
-El concebido es la persona más importante, y sin embargo es el único que no tiene elección: los padres pueden elegir, el donante puede elegir, el concebido no. Y él es el que es literalmente «hecho» con el material genético de otro. No se pueden condenar así a las personas, haciendo ver que algunas informaciones no son importantes. Y no es porque lo digo yo.

-¿Cómo?
-Se ve en los niños adoptados, en los que han nacido de otras relaciones. Para definirse es importante saber de dónde se viene. No solo. Cada vez que voy al médico, me preguntan la historia médica de mi familia. Y cada vez respondo: «Conozco sólo la mitad de ella». Es increíble que este problema haya sido creado por la ley.

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