Las multinacionales se alían para asaltar la libertad de conciencia en Estados Unidos

(Ref gaceta.es)

Ahora mismo está en el Senado la ley que impondrá una nueva religión civil sobre Estados Unidos, la Ley de Igualdad (Equality Act), que ya ha sido aprobada por la Cámara y que tiene detrás una coalición de más de cuatrocientas empresas ejerciendo presión política para que se apruebe.

Bienvenidos a la nueva religión ‘woke’, en breve la única de obligatoria devoción en Estados Unidos, por obra y gracia del ‘católico’ Biden (es un modo de hablar) y con las bendiciones laicas de las grandes empresas.

Hablamos de la Ley de Igualdad, que equipara la orientación sexual y la identidad de género con la raza o el sexo a efectos de la legislación de derechos civiles. Es decir, convierte a estos colectivos en grupos legalmente protegidos a todos los efectos.

¿Y qué tiene esto de malo? Les cuento: si es usted cirujano y su religión -digamos, la católica- le hace imposible en conciencia castrar a un individuo en una operación de cambio de sexo, tiene un problema con la ley, muy serio. Si es responsable de un orfanato y no entrega en adopción a sus niños a parejas homosexuales, mejor piense en ir cerrando. Y así suficientemente.

Estados Unidos es un país fundado, en buena medida, por minorías religiosas europeas que huían de regímenes que no les permitían practicar libremente su religión, y por eso la Primera Enmienda de la Constitución -la misma que garantiza la libertad de expresión- establece que el gobierno no puede imponer una religión ni coartar las ya existentes.

Hasta ahora. Ahora existe una nueva fe, especialmente combativa, que va a imponerse a todos los norteamericanos, sin que la objeción de conciencia pueda librarles de someterse a ella. Eso significa que las iglesias tendrán que elegir entre traicionar su fe o cerrar sus redes de hospitales, colegios, orfanatos y asilos. Y no se imaginan cuántos hospitales, colegios, orfanatos y asilos son fruto de la iniciativa religiosa.

Y el dinero se ha sumado entusiasta a este ataque a la libertad religiosa. Hablamos de 416 empresas, algunas de ellas entre las mayores del mundo, que se han coaligado para hacer presión y que se apruebe la ley. Para hacernos una idea, tienen en total ingresos anuales de 6,8 billones de dólares (billones de los nuestros) y 14,6 millones de empleados. El capital ‘woke’ se abraza a la clase política ‘woke’ para acabar con la libertad en Estados Unidos, pero esto no es ya noticia y explica perfectamente la victoria de Donald Trump.

La Conferencia Episcopal de Estados Unidos, aunque tradicionalmente demócrata y escorada a la izquierda, no ha podido hacerse la loca ante semejante desafío, que pone en serio e inminente peligro su red asistencial. “En lugar de respetar las diferencias religiosas sobre el matrimonio y la sexualidad, la Ley de Igualdad discriminaría contra la gente de fe”, ha declarado en una nota, en la que acusa la ley de “castigar” a los grupos religiosos que no puedan admitir en conciencia el matrimonio homosexual y la teoría de género.

Lo más alarmante de esta entronización de una religión civil en Estados Unidos no es meramente que pongan a los grupos religiosos ante un dilema imposible; es que sus dogmas son tan nuevos (y, algunos, tan difícilmente creíbles) que prácticamente todo el país durante casi toda su historia hasta hace un par de años sería merecedor del anatema de los nuevos sumos sacerdotes.

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