La vida es un “nosotros”

Comisión de Evaluación de la eutanasia de Cataluña

Hoy, muchos en España miramos conmovidos el caso de Noelia, que ha decidido poner fin a su vida mediante la eutanasia. No es fácil hablar de un gesto así sin caer en el juicio ni en el sentimentalismo. Pero sí es posible —y necesario— hablar desde el respeto, ese arte de mirar con atención que sostiene toda verdadera humanidad.

Fuente: LinkedIn.com   Autor: Rafael Domingo Osle

El cristianismo enseña que la vida no es un “yo”, sino un “nosotros”. Somos seres en relación. Vivimos porque otros nos miran, nos sostienen, nos esperan, nos aman. Y en esa trama compartida de amor, comunión y don —como la que late en el corazón de la Trinidad— la existencia humana encuentra su sentido más profundo.

Morir en soledad o por desesperanza no debería parecernos un acto de libertad, sino una señal de que la sociedad ha fallado en su más alta vocación: acompañar con respeto, ternura y presencia a quien sufre.

El respeto auténtico no es indiferencia, sino cercanía; no es dejar hacer, sino estar ahí, mirar al otro con amor y decir, incluso en silencio: “Tu vida importa, y forma parte de la mía, de la nuestra.” Eso es lo que debe proteger el derecho. No otra cosa.

La vida, cuando se mira desde el paradigma del “nosotros”, se vuelve más humana, más justa, más trinitaria.

No se mide solo por la autonomía, sino por la comunión; no por la fuerza, sino por la relación.

Somos porque pertenecemos, y en esa misteriosa red de vínculos reside la dignidad más profunda de todo ser humano.

Recemos, pensemos o simplemente recordemos hoy —cada uno desde su horizonte— que respetar la vida es aprender a decir «nosotros».

Comparte este artículo en tus redes sociales.

También te puede interesar:

Artículos relacionados