«La eutanasia se lleva a cabo en muchos casos por incompetencia» dice Etienne Montero,presidente del Instituto Europeo de Bioética.

«La eutanasia se lleva a cabo en muchos casos por incompetencia»
Etienne Montero, presidente del Instituto Europeo de Bioética, analiza los once años de la Ley de Eutanasia de Bélgica y critica su laxitud y la complicidad creciente de los médicos»

Diario médico.-Etienne Montero es catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Namur (Bélgica) y preside el Instituto Europeo de Bioética desde hace cinco años. Desde hace veinte investiga en temas relacionados con la bioética desde uno de los pocos países del mundo donde la eutanasia está despenalizada por ley. Once años después de la aprobación de la norma, analiza para Diario Médico las consecuencias de la aplicación de un derecho que considera como «una transgresión ética y una infracción penal». Y lo hace justo en el momento en el que Bélgica inicia el proceso legislativo para permitir la eutanasia de menores.

Sobre la ley de 2002, empieza criticando su laxitud: «Hace once años se trataba, según sus promotores, de despenalizar la eutanasia para casos excepcionales de gran sufrimiento y bajo condiciones muy estrictas. En la práctica, se observan cómo caen una tras otra las balizas previstas por el legislador».
En su opinión, «una ley que autoriza a unos ciudadanos -los médicos- a propiciar la muerte de otros a petición propia sentencia el carácter relativo de la dignidad humana. Una ley así expresa una duda colectiva sobre el valor de ciertas vidas humanas».

El énfasis sobre la autonomía del paciente al hablar de eutanasia es pura ficción. La persona es la única dueña de su muerte, pero son otros los que la viven».
Autonomía y libertad
El presidente del Instituto Europeo de Bioética considera que «el énfasis sobre la autonomía del paciente al hablar de eutanasia es pura ficción. Es mi elección que sólo a mí me atañe, dicen sus defensores, pero necesitan que otro -el médico- se encargue de hacerles morir. La persona se reconoce como autónoma y único dueño de su muerte, pero son los otros los que la viven. Con razón, los médicos no aceptan ser considerados como meros ejecutores de las decisiones de sus pacientes».

Sobre esta cuestión, puntualiza: «La aceptación de la eutanasia y su normalización pueden llevar al embotamiento del sentido moral y a restar energías para encontrar las mejores soluciones, las más ajustadas al caso de cada paciente. Temo que en algunos o en muchos casos se lleve a cabo no tanto por respeto a la autonomía del paciente, sino por incompetencia».

Los cuidados paliativos son la respuesta profesional al sufrimiento y al malestar físico y psicológico. Además, son también la respuesta humana, moral y social».
Después de más de una década de aplicación de esta ley, Montero no cree que el paciente haya ganado libertad con la norma. «No descarto que algunos pacientes pidan la eutanasia bajo presiones, conscientes o no, de su entorno, porque se les propone esta solución sin abrirles de verdad otras perspectivas. O porque se sienten abandonados y a veces sufren la paradójica obligación moral de ejercer su derecho a pedir la eutanasia para no seguir siendo una carga para la familia y un gravamen económico para la sociedad».

Límites abiertos
Montero considera que la experiencia de la ley belga «demuestra que no es posible delimitar la eutanasia según criterios legales y controlar su práctica. Es difícil, si no imposible, mantener la interpretación estricta de las condiciones legales fijadas. La comisión de control, al menos aquí, aprueba con regularidad casos de eutanasia practicada en pacientes psiquiátricos, depresivos o dementes».

El también decano de la Facultad de Derecho de Namur está convencido de que «el derecho a la eutanasia es, ante todo, una reivindicación ideológica», y alerta de que «se observa un malestar y una desconfianza por parte de personas de edad avanzada o con minusvalías hacia el sistema sanitario. Incluso hay quienes no quieren ingresar en una unidad de cuidados paliativos o temen que se les administren morfínicos».

Más paliativos
La alternativa que propone el presidente del Instituto Europeo de Bioética contra las leyes de despenalización de la eutanasia es «seguir desarrollando y apoyando los cuidados paliativos». En su opinión, «son la respuesta profesional al sufrimiento, y al malestar físico y psicológico. Hay mucho que hacer en la formación de los profesionales de la salud para que sepan afrontar el dolor y el sufrimiento del paciente y de sus allegados con mayor competencia profesional. Desde luego, los cuidados paliativos son también la respuesta humana, moral y social».
Montero ve riesgos de que el suicidio asistido por médicos se esté llevando a cabo en países occidentales donde la eutanasia no está legalizada, «pero el hecho de que la ley penal sea violada no es nunca un motivo suficiente para abolirla. En caso contrario, se podría suprimir todo el código penal. Nunca se insistirá lo suficiente sobre el valor pedagógico del derecho. El código penal es el código moral de una sociedad».

Historias personales de una ley laxa
Holanda (2001), Bélgica (2002) y Luxemburgo (2009) son los únicos países del mundo que han despenalizado la eutanasia. De esa experiencia social, y de su formación como jurista y filósofo, Etienne Montero ha publicado un análisis de la ley pro eutanasia con historias personales que demuestran que se trata de una norma demasiado laxa.

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