Grégor Puppinck: la lucha por la objeción de conciencia de los católicos sin caer en el subjetivismo

ReL10 noviembre 2016

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Grégor Puppinck, director del Centro Europeo para el Derecho y la Justicia (European Centre for Law and Justice, ECLJ) y miembro del Comité de expertos de la OSCE para la libertad religiosa, es uno de los principales defensores del derecho a la vida y del matrimonio natural ante las instituciones europeas. Es doctor en Derecho por la Universidad de París y ha sido profesor de Derecho Internacional y Derecho Constitucional en la Universidad de la Alta Alsacia, antes de consagrarse en exclusividad en los últimos años a defender la objeción de conciencia ante las disposiciones comunitarias contrarias a la ley natural.

Recientemente publicó en la revista Societé, Droit & Religion un amplio trabajo titulado Objection de conscience et droits de l’homme [Objeción de conciencia y derechos del hombre]»,
sobre el que conversó con Christophe Geffroy para La Nef:

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-Usted ha publicado un ensayo sobre la objeción de conciencia y los derechos del hombre. ¿Cuál es su argumentación?
-Trabajo en el ECLJ sobre este tema desde hace varios años, junto a organismos europeos y de las Naciones Unidas, con el fin de reforzar la garantía de libertad de conciencia frente a prácticas moralmente controvertidas. Un ejemplo: en 2010 participamos en la redacción y adopción por parte del Consejo de Europa de una resolución que reconociera «el derecho a la objeción de conciencia en el marco de los cuidados médicos legales».

En estos días se acba de publicar una obra colectiva dirigida por Grégor Puppinck en la misma línea de proteger a los profesionales provida [Derecho y prevención del aborto en Europa]

En estos días se acba de publicar una obra colectiva dirigida por Grégor Puppinck en la misma línea de proteger a los profesionales provida [Derecho y prevención del aborto en Europa]

»Durante estos combates me di cuenta de que era tan absurdo como contraproducente lograr la victoria sólo en relación a las fuerzas políticas, y que un reconocimiento firme del derecho a la objeción de conciencia imponía entender bien la legitimidad de dicho derecho. Ahora bien, debo reconocer que yo mismo dudé durante mucho tiempo de la validez de dicha empresa, pues consideraba que la objeción de conciencia le debía demasiado al subjetivismo y al relativismo para poder ser un concepto justo y fiable. Sin embargo, en la situación política actual, marcada por la eliminación del sentido metafísico y moral, es necesario proteger a las personas que están obligadas a participar en prácticas inmorales, a falta de poder obtener la prohibición [que les permita no participar en ellas]. La defensa del derecho a la objeción de conciencia me parecía frágil en el fondo, pero políticamente oportuna.

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