Casi ningún español deja instrucciones de cómo quiere ser tratado al final de su vida

ABC – 02/11/2018

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Solo un 0,6% de los españoles ha registrado de forma oficial el denominado documento de voluntades anticipadas con las instrucciones precisas que permiten informar a los equipos sanitarios y de profesionales vinculados al final de la vida sobre los cuidados y el tratamiento que estas personas desean recibir en esos momentos o en situaciones en las que no puedan expresar su voluntad.

Apenas 250.000 españoles tienen sus voluntades anticipadas inscritas en el Registro Nacional de Instrucciones Previas, del Ministerio de Sanidad Consumo y Bienestar Social. El 59% son mujeres. Los más previsores, el 29%, son residentes en Cataluña, con un total de 72.515 documentos de voluntades anticipadas inscritos en el registro autonómico correspondiente. Por detrás de Cataluña se encuentran Andalucía (35.686 registros), Comunidad Valenciana (23.554) y Madrid (23.445).

Por grupos de edad, el 50% del total de declarantes es mayor de 65 años y solo un 16% de los españoles de entre 31 y 50 años ha tomado la decisión de comunicar sus últimas voluntades a través del registro de instrucciones previas de su comunidad autónoma.

De cara al momento del fallecimiento, las personas, y sobre todo los mayores de 65 años, se preocupan mucho más por dejar testamento de sus bienes. Sin embargo, «no son conscientes de que puede ser igual de importante dejar por escrito instrucciones de cómo quieren ser tratadas al final de sus vidas o en aquellos momentos en los que, por diferentes motivos, no puedan expresar directamente su voluntad y deseos», señala la Fundación Edad&Vida.

Esta organización ha lanzado en colaboración con la Fundación Mémora, una campaña, «Tu decisión hasta el final», con el objetivo de ofrecer una guía online para promover el conocimiento y el uso de la declaración de voluntades anticipadas.

El documento de voluntades anticipadas prevé, entre otras cosas, la designación de un representante de la persona e, incluso, de un sustituto de ese representante, que hará las veces de interlocutor ante el médico o el equipo sanitario y velará por el cumplimiento de las instrucciones previas, siempre que la persona se encuentre en una situación que le impida expresar personalmente su voluntad.

El objetivo es que se cumplan siempre los deseos de la persona en situaciones concretas como, por ejemplo, en el caso de que ésta no pueda expresar directamente su opinión y haya desacuerdo entre sus allegados sobre un tratamiento o intervención concreta. Ante esta situación, el representante se encargará de que se respete lo que la persona incluyó en su documento de voluntades anticipadas.

«No obstante, mientras conserve su capacidad y posibilidad de expresarse, prevalecerá la voluntad de la persona sobre lo escrito en el documento», detallan desde la Fundación Edad&Vida.

Para la Fundación Mémora, «además de facilitar que las decisiones que toman los profesionales de la salud sean respetuosas con la voluntad de la persona cuando desaparece la capacidad para decidir por ella misma, el documento de voluntades anticipadas es un procedimiento que sirve para reafirmar el derecho de autonomía personal y propiciar un final de vida digno».

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