Respuesta de la madre de un hijo discapacitado a la Concejala de Boadilla partidaria del aborto eugenésico por el elevado coste sanitario

diariosur.es
14.02.2014
Estimada Yolanda:
Le escribo en respuesta a las declaraciones que el pasado viernes realizó usted sobre las personas con discapacidad porque me parece que es de justicia poner voz a esos pobres niños que no pueden defenderse.
Lo primero de todo, decirle que usted habla de la costosísima asistencia sanitaria que requieren estos niños con discapacidad. Además de no ser siempre cierto, porque la discapacidad no es sinónimo de enfermedad, no podemos olvidar que el aborto también es costosísimo y nadie lo menciona. En sus afirmaciones usted apela al sufrimiento: “no se puede obligar a las mujeres a traer al mundo criaturas con malformaciones condenadas a una existencia de sufrimiento”. Perdone que le lleve la contraria, pero la discapacidad tampoco es sinónimo de infelicidad y sufrimiento. Muchas personas con discapacidad y sus familias sienten y manifiestan que tienen una vida plena y realmente feliz, por lo que nadie tiene derecho a presuponer de antemano qué personas van a ser más o menos felices.
Usted está cuantificando el valor de las personas en función de su “estado de salud” de manera que cuando la salud de una persona decae por debajo de unos niveles, su vida ya no merece la pena ser vivida. Y eso es un reduccionismo muy peligroso porque según esa perspectiva utilitarista y materialista, todos llegamos a una edad en la que comienzan a surgir enfermedades que resultan “costosísimas para la seguridad social”. Entonces, realmente ¿qué vidas merecen la pena ser vividas? ¿Sólo las de los niños guapos, con ojos azules y delgados?
Por tanto, el valor de una persona no se mide por su grado de salud, o ¿acaso una madre deja de querer a su hijo cuando descubre que tiene una grave enfermedad? Si lo hiciera y decidiese acabar con la vida de su hijo, produciría un gran rechazo social y pensaríamos que aquél acto va “contra natura”. ¿Y qué diferencia encuentra usted entre el niño no nacido diagnosticado de una discapacidad, por ejemplo, síndrome de Down, y aquél que contrae una enfermedad a posteriori? ¿Es que acaso no es igual de brutal acabar con la vida del no nacido (eugenesia) que con la de aquél que ya vive fuera del útero materno (eutanasia)?
La evidencia científica ha demostrado que la vida comienza desde el mismo momento de la fecundación, por lo que la única diferencia existente es el tamaño de la persona en cuestión. Y no me diga usted aquello de que “ojos que no ven corazón que no siente…” porque el niño siente y la madre también.
Así que la única razón que nos queda para reclamar el aborto eugenésico de las personas con discapacidad es el económico. Pero ¡qué BRUTALIDAD pedir a una madre que mate a su hijo!
¿Usted sabe que para una madre su hijo con discapacidad tiene nombre propio? ¿Sabe usted lo que eso quiere decir? Es evidente que usted NO es madre de un niño con discapacidad. Pues se lo voy a contestar yo como madre (orgullosa y muy feliz) de una niña maravillosa con síndrome de Down (discapacidad intelectual).
Para mí, mi hija tiene nombre propio: Pilar. Pilar es una persona única e irrepetible a la que no cambiaría por nada en el mundo. El nombre propio hace que Pilar no se reduzca a un conjunto de síntomas que describen un cuadro médico (síndrome de Down), sino que es una persona digna de ser querida por su familia y por la sociedad. Estos niños son especiales y tienen el arte de sacar lo mejor de las personas que están a su alrededor. Cuando estamos con Pilar no vemos a la “discapacitada monstruosa que nos supone un gran coste económico”, sino a una niña maravillosa que nos hace valorar aquello que realmente tiene importancia en la vida. Y, evidentemente, no es el DINERO. Hay muchas cosas en la vida de las personas que no son cuantificables económicamente, como la primera sonrisa de un bebé, sus primeros pasos, sus primeras palabras….
La maternidad no es rentable económicamente y sin embargo por alguna razón, la especie humana no se ha extinguido. ¿Será porque queremos a nuestros hijos por lo que son, con independencia de lo que nos cuestan?
Por tanto, usted no puede pretender que, porque estos niños necesiten un mayor control médico, las madres decidan acabar con sus vidas. No olvide que las madres no son dueñas de la vida de sus hijos ya que la vida es un regalo, un don, y como tal no se puede despreciar.
Además, es mucho lo que estas personas aportan a la sociedad. Con ellos aprendemos a ser pacientes, sinceros y a valorar las personas por lo que son, con independencia de su aspecto físico o su número de cromosomas. ¿O de verdad piensa que una madre quiere menos al hijo con discapacidad que al resto de sus hermanos? Toda madre quiere a su hijo incondicionalmente, es decir, le quiere como es, con independencia de sus características personales. ¿Y entonces por qué en ocasiones decide abortar al niño con discapacidad? Porque la madre, en un gran número de casos, se ve presionada a abortar al niño con discapacidad por miedo a ser considerada una “irresponsable”, cuando lo que realmente siente es que tiene un hijo que le necesita y al que ya quiere. Y porque la información que recibe de la discapacidad tiene una connotación peyorativa. ¿Cuántos médicos explican a las madres diagnosticadas prenatalmente lo que es el niño con síndrome de Down de forma equilibrada resaltando los aspectos negativos y también positivos (que le aseguro que son muchos)? Muy pocos señora concejala, y así con esta tendencia abortista están manipulando a las futuras madres porque éstas no están tomando decisiones realmente libres ni están siendo correctamente informadas.
Esto es como el prospecto de una medicina. Si uno se lee solo las contraindicaciones y nadie le informa de los beneficios de la misma, lo lógico es que no se la tome. Pues en el caso de las madres a las que se les transmite solo los aspectos negativos de la discapacidad y se les hace sentir culpables si no abortan, la consecuencia es el aborto.
Ustedes están contagiando la mentalidad eugenésica a toda la sociedad, y eso Sí que es una ¡GRAVE ENFERMEDAD! Pobres madres que se ven abocadas a eliminar a sus hijos diagnosticados prenatalmente con alguna discapacidad. ¡Ellas sí que son víctimas de la política eugenésica y de la cultura de la muerte!
Y qué paradoja y cinismo social se da ente la legislación sobre la discapacidad y la ley del aborto. Por un lado se fomenta la eliminación de los fetos con discapacidad y por otro se defiende la dignidad de las personas con discapacidad. Es decir, mientras que no haya nacido, se trata de evitar a toda costa el nacimiento de estos niños, pero una vez nacidos y cuando ya no tiene solución, entonces se adopta la postura contraria (derecho de las personas con discapacidad).
No conozco a ninguna madre, y le aseguro que trato con muchas, que tenga un hijo con síndrome de Down que no sienta que el esfuerzo merece realmente la pena, y que es mucho más lo que se recibe que lo que se da.
Le animo a visitar y a conocer a familias con un miembro con discapacidad intelectual para que compruebe que no son familias más tristes ni más desajustadas que el resto de las familias. Es mucha la alegría que transmiten estas personas y muchos los valores que se hacen presentes con su existencia, que se perderían si no les diéramos la oportunidad de nacer. Solo quien vive y convive con un niño con discapacidad descubre ese tesoro indescriptible que se esconde detrás de todos y cada uno de ellos. ¡Todo lo que vale cuesta pero merece realmente la pena, de verdad!
Le agradezco el tiempo dedicado a la lectura de mi carta y espero que le ayude a conocer de forma más cercana la realidad de la discapacidad para que pueda ser más sensible, objetiva y justa en sus declaraciones.
Le saluda atentamente
Teresa Vargas (00826277w)
Pedagoga. Máster en Educación Especial y en Bioética.

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