Reflexiones de una farmacéutica. Carta de Eva Mª Martín en ABC

24 de julio de 2015
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EVA M. MARTÍN
La sentencia del Tribunal Constitucional sobre la objeción de conciencia de un farmacéutico ante la venta de la píldora del día después ha fortalecido nuestra democracia y el respeto a las minorías, que es un signo de madurez de las sociedades democráticas. Es como abrir las ventanas y dar aire fresco a la ciudadanía. Solo las sociedades autoritarias, populistas y dictatoriales ahogan a las minorías, pretendiendo ser dominadoras absolutas. Por este motivo, creo que todos debemos felicitarnos. La objeción de conciencia consiste «en el incumplimiento, por parte del individuo, de una obligación de naturaleza legal cuya ejecución produciría una grava lesión en su conciencia», según López Guzmán. Esto quiere decir que cuando se hace objeción de conciencia es siempre por cuestiones muy importantes, como la defensa de la vida, en nuestro caso. Estén tranquilos todos, que los farmacéuticos no haremos objeción de conciencia por temas más o menos frívolos, como he leído recientemente en algunos medios.
La píldora poscoital –anticoncepción de emergencia, con sus distintas composiciones levonorgestrel y acetato de ulipristal– tiene varios mecanismos de acción, según en qué momento del ciclo femenino se tomen, y no me voy a detener a explicarlos; lo podemos dejar para otra ocasión. Según el letrado de la Junta de Andalucía, «solo si la ingesta de la píldora se produce una vez que ha tenido lugar la fecundación la acción del fármaco puede provocar un efecto antianidatorio del zigoto en el útero, pero tampoco en este supuesto cabría hablar de efectos abortivos, pues el óvulo no ha sido todavía implantado».
Habría que decirle al letrado que los óvulos no se implantan solitos, sino cuando están fecundados, y aunque no estén todavía implantados estamos eliminando una vida humana, uno de nosotros, y lástima que no gocen del derecho a la vida en nuestro ordenamiento jurídico.
Los farmacéuticos en general, y yo en particular, trabajamos en primera línea, ayudando a mejorar la salud de hombres y mujeres, poniendo todo nuestro trabajo, conocimientos científicos y dinero, cuando se han atrasado los pagos de recetas, a disposición de la sociedad. A mí en concreto, la salud de la mujer me importa mucho, pero la píldora del día después no es un verdadero medicamento, pues no cura ninguna enfermedad ni palía sus síntomas.

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