Objetó a dar píldoras del día después y la obligaron a presentar su dimisión, pero seguirá luchando

religionenlibertad.com
09.11.2014
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La enfermera italiana Chiara Margherita Ulisse se ha manifestado con otros doscientos amigos de la Asociación “No 194” (nombre que hace referencia a la ley italiana 194 sobre el aborto, del 22 de mayo de 1978, y generalmente citada como «la 194», ndt) para rezar por los niños asesinados por el holocausto abortivo y pedir la abrogación de una ley injusta y homicida.

Pero sobre todo, para testimoniar y volver a afirmar que ella no se retira de la lucha provida, para que se detenga la matanza de los inocentes y la «cultura del descarte».

Chiara Margherita Ulisse, la enfermera de Voghera (ciudad de Lombardia, en la provincia de Pavia, ndt) que hizo objeción de conciencia a la píldora del día después y que por esto ha sido obligada a presentar su dimisión, ha salido en público por primera vez después de su alejamiento, huésped de la manifestación que hace unos días desfiló por las calles del centro de Milán.

La enfermera que no se rinde
«Estoy aún en la trinchera», dice a la Nuova Bussola, «y no tengo ninguna intención de abandonar la batalla. Aún estoy aquí, a pesar de aquellos a los que les gustaría desembarazarse de mí y de los amigos que luchan para defender la vida y el derecho a la objeción de conciencia contra una ley injusta e inhumana».

Las armas son las de la razón y el disenso pacífico. En Milán, la Asociacion se ha manifestado con alegría distribuyendo coronas de Nuestra Señora de Guadalupe y libros con el “Rosario de los niños no nacidos”.

Pedir un referendum contra el aborto
Su objetivo es recoger firmas para un referéndum de abrogación de la ley 194, ley que ha hecho del aborto un método anticonceptivo y de masa.

“Seis millones de niños abortados, diez millones de embriones congelados. Todo hecho pagar a los ciudadanos por ley. Bienvenidos al Cuarto Reich” se lee en uno de los carteles expuestos por los manifestantes que, también en Milán, han sufrido el asalto de feministas y centros sociales, contenidos por la policía.

Chiara Margherita Ulisse se ha convertido inmediatamente en la estrella invitada de la manifestación: muchos han ido a estrecharle la mano, a manifestarle solidaridad después del linchamiento mediático al que ha sido sometida y el despido, camuflado de dimisión voluntaria, por parte de la Asl (Azienda Sanitaria Locale, Servicio Sanitario Local, ndt) de Pavia.

Con el apoyo de una asociación
«La Asociación “No 194” la buscó para ofrecerle la asistencia de un abogado y ella aceptó la invitación», revela Celsi.

«Hemos tenido el honor de tener a nuestro lado a Chiara Margherita: a ella le damos toda nuestra solidaridad, nuestra estima y la ayuda necesaria para llevar adelante la libertad de expresar el propio pensamiento y trabajar con profesionalidad en ciencia y en conciencia».

Celsi, que es también vicepresidente de la “No 194”, mide con prudencia las palabras, pero no lo suficiente para no hacer entender que el caso Ulisse está de todo menos cerrado. Más bien al contrario, el anuncio de que la Asociación le ofrecerá asistencia y apoyo legal (el presidente de “No 194” es el abogado Pietro Guerini) deja decididamente abierta la hipótesis a que esa dimisión será retirada para comenzar la batalla sobre la readmisión de la enfermera en el hospital, ocasión importante para llevar al centro de la atención pública el derecho, hoy pisoteado, a la objeción de conciencia por parte del personal sanitario.

Celsi no quiere ir más allá, el clamor mediático producido por este hecho ha sido demasiado, pero él ya ha obtenido una victoria. Explica: «Después de la dimisión de Chiara Margherita, muchos se han preguntado si este gesto representaba una rendición, un gesto de desconfianza. Hoy sabemos que no es así, su presencia en la manifestación ha disipado cualquier duda: ella seguirá luchando y nosotros la ayudaremos en todos los frentes».

Culpable de informar a dos jóvenes de 20 años
¿También en el legal contra la Asl? Celsi no quiere añadir nada más, pero no es difícil imaginar que será así.
El caso de Chiara Margherita Ulisse es conocido: enfermera de Urgencias del hospital de Voghera, ha sido hecha pedazos por los periódicos y la TV (sobre todo el Telediario de RaiUno) por haber negado dos veces el acceso al Servicio de Ginecología a dos jóvenes de veinte años que querían que les prescribieran la denominada «píldora del día después».

Es decir, el fármaco que permite evitar el embarazo en las 72 horas después de una relación sexual practicando, en sustancia, un aborto químico. En el respeto de las reglas de Urgencias, según el cual las dos jóvenes no presentaban signos de emergencia o urgencia tales como para ser un código «verde» o «blanco», la enfermera se ocupó de las chicas dialogando con ellas para que fueran conscientes (primer paso para un consentimiento informado) de las consecuencias de la petición y de cómo actúa el fármaco solicitado. Esto ha sido todo. Lo que se ha dicho después ha sido pura propaganda ideológica.

«Yo no he amenazado para nada a esas jóvenes», precisa Chiara Margherita, «he intentado simplemente convencerlas de salvar vidas humanas. No tiene nada que ver con ser católicos, mi decisión deriva únicamente de motivos de conciencia y no religiosos».

He aquí cómo han ido las cosas de verdad: «Las dos jóvenes vinieron a urgencias y me pidieron la píldora. Les expliqué lo que comportaba, que ese fármaco es abortivo y que se trataba de la vida de un niño. Entonces se fueron, sin insistir o pedir poder hablar con el ginecólogo».

Entonces, ¿no han sido las jóvenes las que la han denunciado? «Claro que no», responde la enfermera.

Compañeros chivatos y caso «ejemplarizante»
¿Pues quién ha sido? La enfermera no da nombres, pero está claro que quien contó lo sucedido a la dirección sanitaria fueron los compañeros de trabajo. Se dice que fueron la jefa de planta y el médico de guardia los que dieron su nombre a la dirección por esa negación a las chicas, si bien esto no ha sido confirmado.

Tras una veloz investigación interna, la Asl de Pavia obligó a Chiara Margherita a dimitir.

«Me convocaron», cuenta, «diciéndome que no podía estar en Urgencias y que me trasladaban a otro servicio. Me negué y les recordé que había actuado según los artículos 8 y 38 de nuestro código deontológico que en caso de conflicto ético obliga al profesional de enfermería a «encontrar la solución mediante el diálogo», autorizándolo a utilizar la cláusula de conciencia”. Por lo tanto, tenía todo el derecho a decir a las dos jóvenes lo que les dije. Dije también que no aceptaba ningún traslado y por toda respuesta me han amenazado con denunciarme. Frente a esta perspectiva, he preferido dimitir». Dimisión que, según el contrato, será operativa a partir del 1 de enero de 2015.

Por consiguiente, ¿que hará la enfermera? «Ya veremos, lo valoraré junto al abogado de la Asociación. Pero tengo derecho a ese puesto de trabajo y no me detendré aquí…». No se puede decir más claro.

Y no se trata sólo de la defensa del puesto de trabajo, precisa Chiara Margherita, hay derechos irrenunciables, como la objeción de conciencia y el respeto al código deontológico.

Es la primera enfermera en Italia que ha reclamado este derecho y aún no consigue entender por qué ha sido sometida a este linchamiento mediático. Entre otras cosas, el episodio de las dos jóvenes se remonta al mes de mayo. Alguien lo ha tenido escondido en un cajón. ¿Por qué?

Ocultan que la píldora del día después es abortiva
Otro elemento que no encaja; como tampoco encaja el que la enfermera no pudiera apelar al código deontológico y explicar las consecuencias mortales de la píldora del día después. De hecho, no basta la sustitución del prospecto llevada a cabo por la Aifa (Agenzia Italiana per il Farmaco, ndt) con el fin de cambiar el mecanismo real de acción del levonorgestrel (Norlevo) y asegurar que no es abortivo. Ni una deliberación ni una línea de acción por parte de la Región [de Lombardia, ndt] puede anular el derecho constitucional de cada trabajador del campo sanitario de actuar siempre y a pesar de todo según ciencia y conciencia.

De hecho, el Norlevo (la píldora solicitada) actúa tanto como anticonceptivo si en el útero materno, después de la relación sexual, el óvulo no ha sido aún fecundado, impidiendo que esto ocurra; como también actúa como abortivo matando al embrión si ha habido fecundación.

Evidentemente, quien ha modificado el “bugiardino” (de «bugia», «mentira», expresión irónica italiana que hace referencia al prospecto de los fármacos, aludiendo a su escasa fiabilidad, ndt) del fármaco, eliminando el aviso de «potencialmente abortivo», tal vez quería decir que sus efectos mortales de «topicida» fetal no se verifican si no ha habido relación sexual con la consiguiente fecundación del óvulo. Pero entonces, ¿para qué sirve?

Grotesco escamoteo: la verdad es que esta píldora es sencillamente la versión química del aborto.

Aún queda por escribir el resto de la historia; y no está dicho que los próximos capítulos no partan precisamente de la manifestación de Milán y de ese pueblo amigo que lucha por la abrogación de la 194.

Para ellos la enfermera de Voghera es ya más célebre y amada que la famosa ama de casa [de Voghera; expresión idiomática del léxico periodístico con la que se quiere representar un estereotipo pequeño-burgués de la población italiana, de bajo nivel de instrucción y que ejerce normalmente un trabajo sencillo o humilde y «respetable» por el sentido práctico de estampa tradicional del que es portador, ndt] y no está dicho que de su desafortunado caso no pueda nacer algo positivo o nuevo, que amplíe la objeción de conciencia también al personal de enfermería o a los farmacéuticos que, desde hace tiempo, piden que fármacos como la píldora del día después sean considerados abortivos y, por consiguiente, objeto de objeción.

Hablan los ginecólogos católicos
La Asociación Italiana de Ginecólogos y Obstétricos Católicos, que ha expresado inmediatamente su solidaridad a Chiara Margherita Ulisse, ha escrito que «si Italia está aún en el puesto n. 18 en la clasificación de los estados europeos con el indice más alto de violencia sobre las mujeres, seguramente habrá una explicación a ello.»

«Evidentemente, los denominados «nuevos derechos civiles», ya totalmente realizados en Italia, hacen al hombre más egoísta y violento, porque han pisoteado de hecho y destruido el fundamento del respeto debido a cada ser humano desde la concepción a la muerte natural, su dignidad, cosificándolo, haciendo de él una mercancía que se puede encargar, comprar, vender, exigir, descartar… matar con el aval de la ley». Esta es la razón por la que la enfermera de Voghera no puede dimitir.

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