O Derecho natural, o tiranía

Alfa y Omega, 3 de octubre 2013.
Aborto, eutanasia, objeción de conciencia, cómo garantizar el respeto a los derechos humanos en un entorno multicultural, los ataques a la libertad religiosa y la imposición de una ética pública, que no es sino la moral del que manda… En su libro Religión, racionalidad y política (ed. Comares), el magistrado del Tribunal Constitucional don Andrés Ollero ofrece su visión y su lúcido diagnóstico sobre estos problemas, que tocan la base misma del Derecho

Don Andrés Ollero
Neutralidad vs. neutralización
«Nuestra Constitución deja bien claro que la no injerencia y la neutralidad son compatibles con la obligada atención a las creencias religiosas de la sociedad. Pretender hacerlas invisibles en el ámbito público, no implicaría por tanto una no injerencia neutral sino una injerencia neutralizadora. El laicismo propone un nuevo escenario social presuntamente neutro, en el que sólo una minoría agnóstica puede permanecer conservando su identidad».image

«Al poder se llega legítimamente por las urnas; la autoridad moral la reconoce la sociedad. (…) Cuando esto se olvida, es fácil que acabe ejerciéndose un poder autoritario, empeñado en imponer opciones morales contrarias a las socialmente en vigor. A nadie puede extrañar que afloren, como resultado, insólitas epidemias de objeción de conciencia. Argumento decisivo al respecto ha sido el simpático invento de una ética pública, presuntamente común a todo ciudadano. (…) El resultado no puede ser otro que el que manda impone su moral particular y luego, rebosando tolerancia, invita generosamente al que no esté de acuerdo a discrepar en su casa».

Objeción de conciencia, y más…
«La objeción es un derecho, (…) y no el aleatorio fruto de una tolerancia que da, o no, a cada cual lo que en realidad no es suyo. (…) Si no llega a verse aceptada, no quedaría al ciudadano (…) otra opción que la de la desobediencia civil. No constituye ésta, por cierto, ninguna lacra en una sociedad democrática. Implica negarse taxativamente por razones morales a cumplir una ley, asumir la sanción correspondiente y convertirla en público espectáculo, para remover así la conciencia. (…) Ghandi pasó a la Historia practicándola; nuestros insumisos al servicio militar la bordaron, dejando bien clara la diferencia entre el desaprensivo que se escaqueaba de la mili y quien iba a la cárcel antes que aceptar siquiera canjearla. Es fácil imaginar que a un Gobierno democrático, preocupado de ser y parecer legítimo, no le beneficia demasiado sembrar mártires, si los hubiere prestos. (…) Objetando, lo que conseguimos es que se nos reconozca el derecho a recibir un trato excepcional, que en principio no cuestiona la norma misma. Si realmente la repugnancia moral es tan honda, ¿no exigiría impugnar la ley para todos, poniéndola en cuestión a través de una desobediencia civil que lleve a asumir martirialmente sus sanciones?»

Derechos humanos sin base
«Faltos de un efectivo fundamento en la naturaleza humana (sólo metafísicamente constatable), es lógico que a los derechos humanos se les discuta su condición de tal en amplios ámbitos geográficos, (…) distantes de la civilización occidental; en ellos acaban siendo, no pocas veces, considerados como mero argumento estratégico de potencias extranjeras, expresivo de un caprichoso etnocentrismo. Sólo sobre el derecho natural cabe fundamentar los derechos humanos».
A continuación, puede verse un video con una entrevista con el prof. Ollero sobre este libro:

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