Doce enfermeras y su derecho a decidir

Aceprensa.-En la Unidad de Cirugía Ambulatoria de la Universidad de Medicina y Odontología de New Jersey (EEUU), doce enfermeras tuvieron que batallar duro para ejercer su derecho a la objeción de conciencia. Estas mujeres de la Unidad de Cirugía constituyen una animada mezcla de orígenes y personalidades. Beryl, oriunda de Kenia, es una especialista en UCI que ha estado en el hospital por más de 15 años. Fe, una veterana de la sala de urgencias y de la UCI, es filipina. Lorna ha sido enfermera durante 25 años, lleva en esta Universidad más de una docena, y se toma su trabajo y su fe cristiana muy en serio.»El nuestro es un trabajo noble… Cumplimos con una profesión para curar. Todo lo que haces es solo para que el paciente se sienta mejor, y esto a una le llena, porque has ayudado a alguien», dice Fe.

Pero en ese hospital también se hacen abortos. A menudo se trata de adolescentes, de 13, 14, y 15 años; y vuelven más de una vez. Beryl, que se mantiene al margen de los abortos, termina por hablar con los pacientes: «Yo siempre les digo ‘voy a estar orando por ti, y espero que esta es la última vez que te veo hacer esto’. Puedo ver en sus caras cómo se sienten culpables, y que tienen la culpa en sus corazones”.

Fe conoce lo que se siente al abortar. Hace veinte años tuvo un embarazo de mal pronóstico. Él médico y su esposo le presionaron repetidamente para que abortara. Finalmente lo hizo. «No fui capaz de dormir por un largo tiempo… Me llevó años aceptar lo que había hecho. Pido perdón. El Señor conoce mi corazón, y sabe que yo no quería que hubiera ocurrido».

En septiembre de 2011 hubo un cambio de supervisor y el nuevo anunció que Fe y otras once de sus compañeras, que tampoco querían colaborar con abortos, deberían ayudar a estas prácticas. Las doce enfermeras protestaron abiertamente, pero se les contestó: «Mientras ustedes trabajen aquí van a tener que hacerlo. Si no lo hacen, serán despedidas o trasladadas fuera».

Las enfermeras conectaron con dos abogados: Matt Bowman, de la Alliance Defending Freedom, y su socio Demetrios Strais. Los abogados recordaron a los responsables del hospital –cara a cara y por escrito– que forzar al personal sanitario a intervenir en abortos transgredía las leyes estatales y federales al obligar a los empleados a violar su conciencia. Con sus acciones, el hospital corría el riesgo de afrontar una demanda. Sin embargo, los administradores sostuvieron que todos los abortos en el área de Cirugía Ambulatoria –cada semana programados por adelantado– eran «emergencias», que debían ser atendidas.

Durante semanas, las 12 enfermeras trabajaron en un ambiente muy incómodo. En medio de la tensión, las amenazas y la creciente cobertura mediática, el juez del caso sorprendió a todos al anunciar de improviso, en una audiencia preliminar, que se había alcanzado un acuerdo. El abogado Strais explicó la situación: «Hemos conseguido todo lo que las doce enfermeras solicitaban… Nosotros retiraremos la demanda y el hospital se compromete a no obligarlas a realizar abortos. No habrá represalias contra ellas, y podrán sentirse libres y dormir por la noche, sabiendo que al día siguiente no tendrán que intervenir en el proceso de ayudar a una mujer a matar a un niño inocente».

«Este caso tuvo un coste emocional grande para todas estas profesionales”, afirma Strais, “Plantarse y llevar a cabo una demanda contra tu empleador, es muy difícil. Había mucho en juego. Para algunas ese trabajo era el único modo de mantener a su familia». Beryl recuerda que siempre fue consciente de las dificultades, pero «yo no podría hacer lo que me estaban pidiendo que hiciera…Si actúas en contra de lo que crees, ¿qué eres? ¿qué te queda? Apenas una cáscara de lo que eres».

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