Discapacidad y esquizofrenia

Alejandro Navas García
Profesor de Sociología de la Universidad de Navarra
Publicado en Diario de Navarra
27/05/2013
He tenido ocasión de conocer la labor que lleva a cabo la Asociación Síndrome de Down de Navarra. Uno no sabe qué admirar más, la abnegación de los responsables de la asociación o el esfuerzo de los afectados por el síndrome. En muchos aspectos sufren minusvalías, pero son unos superdotados en la capacidad de querer y agradecer. Conmueve la integración social que llegan a lograr esas personas, inimaginable hace algún tiempo.

Pero al tratar de la discapacidad en general, y del síndrome de Down en particular, hay que mencionar otra faceta, no tan conmovedora: la eliminación de los discapaces en el seno materno, una vez que el diagnóstico prenatal ha establecido la presencia de determinadas anomalías. No se trata de enfermedades graves: son cosas tratables, como el labio leporino, el paladar hendido o la espina bífida, por mencionar algunos ejemplos. El síndrome de Down ocupa un lugar preferente en este ranking de la muerte. La Federación Española de Síndrome de Down (Down España) calcula que el 90% de los casos diagnosticados termina en aborto. Lo grave no es que esas madres, tal vez abrumadas por el resultado de la amniocentesis, piensen en el aborto al sentirse desbordadas por la situación. Me parece mucho más preocupante que sean algunos médicos y enfermeras quienes empujen a las madres a abortar. Hay, a veces, una especie de prejuicio intervencionista, un acoso institucional por parte de algunas batas blancas, presión a la que muchas madres sucumben. Las inmigrantes latinoamericanas embarazadas sufren una auténtica sacudida cuando acuden a la consulta obstétrica y se encuentran con que médicos y enfermeras les ofrecen, como una opción más, la posibilidad de abortar. Y si hay indicios que apunten a alguna patología en el feto, se registra una auténtica coacción. Esas mujeres, procedentes de un ámbito cultural en el que la maternidad y la vida gozan de alta estima, se quedan perplejas, no comprenden que sea justamente el médico quien les proponga el aborto.

El PSOE se ha lanzado a la ofensiva contra el proyecto de reforma de la ley del aborto que se propone realizar el Gobierno, en cumplimiento de su programa electoral. La crítica a los propósitos gubernamentales, legítima en todo partido de oposición, destaca en este caso por su virulencia, y amenaza con rebasar los límites del debate democrático. Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, ha llamado a frenar en la calle esa reforma, para intentar que no llegue al Congreso. La abundancia de insultos y descalificaciones, unida a los más rancios estereotipos anticlericales, resalta la escasez de argumentos bien fundados. La crispación desplaza a la mesura. ¿Seremos capaces de debatir alguna vez con un mínimo de serenidad?

Los que tenemos cierta edad compartimos la misma experiencia: hoy apenas se ven niños o niñas con esa discapacidad, relativamente frecuente hace algunos decenios. No se les ve de la mano de sus padres, pues la inmensa mayoría ha sido eliminada antes de nacer. Y a los que han sobrevivido se les mira como anomalías: ¿Cómo es posible que a ese niño le hayan dejado nacer? ¿Fallaría el diagnóstico prenatal? Vamos teniendo jurisprudencia en Europa sobre demandas judiciales entabladas por padres contra médicos por haber errado el diagnóstico y haber «permitido» así que nacieran niños con «vida errónea». De haber conocido el alcance de esos males, los padres hubieran optado por el aborto y no tendrían que «cargar de por vida» con esos hijos tarados. Los tribunales vienen dando la razón a los progenitores demandantes y condenan a médicos y hospitales a pagar jugosas indemnizaciones: el hijo enfermo es un daño y exige reparación.

Oscar López, portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Valladolid, refleja este clima de opinión cuando afirmaba en twitter hace unos días: «El PP recorta miles de millones en dependencia y nos obliga a tener hijos deformes. Tremendo combo». El revuelo que se organizó a continuación en las redes sociales fue monumental. El autor se defendió inicialmente llamando fundamentalistas a quienes le criticaban, pero finalmente se vio obligado a pedir perdón y a eliminar el tuit.

La genética va a permitir «producir» individuos sanos, y los que escapen al cribado genético y resulten defectuosos tendrán muy pocas posibilidades de sobrevivir al abandono neonatal. Nacer ya no dará derechos. La sociedad se está convirtiendo en un club cerrado, en el que los socios actuales deciden sobre la admisión de los candidatos. La tragedia de los minusválidos es que son precisamente sus padres, médicos y autoridades quienes conspiran para vetar su ingreso. Los imperativos de la racionalización económica, es decir, la urgencia de reducir unos costes sanitarios disparados, se alían con la falta de humanidad para atentar contra esos discapacitados justamente en el momento en que se acaban de reconocer sus derechos en el papel. ¿Se está volviendo esquizofrénica nuestra sociedad?

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