Defendiendo la educación especial, la madre de un niño con síndrome de Down se hace viral

Mar Velasco, periodista y profesora universitaria de Humanidades en Madrid, ya es conocida por los lectores de ReL por el testimonio que publicó cuando nació su hijo Francisco, con síndrome de Down y varios problemas de salud asociados. Pasados seis años, el niño es, a su manera, «el señor de la casa» («el señor Chico» le llaman). Sus padres han ido aprendiendo, día a día, durante seis años, esa combinación de esfuerzo, ilusión y realismo cotidiano que se da al criar cualquier niño, pero que es más compleja aún en los niños con necesidades especiales.

Ahora, muchos «tuiteros» han conocido a Mar Velasco raíz de que se viralizara su hilo de Twitter en el que habla a favor de los centros de educación especial para aquellos niños que la necesitan, centros amenazados por la Ley Celaá de Educación. Esta propuesta legal del Gobierno español promete una supuesta «integración» en las líneas escolares generales que puede ser adecuada para algunos niños pero no para muchos otros, algo que las familias y los profesionales ven que puede perjudicar a muchos pequeños.

Mar Velasco lo explica así en su hilo de Twitter.

«Cerrar los ojos a la evidencia no ayuda»

» Tengo un hijo con síndrome de Down que va a un cole de educación especial. Es el ser humano más bueno, apacible y maravilloso que habéis podido conocer. Convivir con él es un auténtico privilegio. A los cinco meses fue operado de una grave cardiopatía y le costó empezar a andar.

» Fue a una escuela infantil de integración donde sus profesores y compañeros le trataron como a uno más y donde fue absolutamente feliz. Y la idea de su padre y la mía siempre fue llevarlo con su hermano a un colegio de educación inclusiva. Hasta que llegó el día de cambiarlo.

» Nuestro hijo camina despacio y corre poco, tiene escapes, le cuesta mucho bajar y subir escaleras, tiene dificultad para concentrarse, le cuesta pronunciar y responder preguntas que vayan más allá de su realidad inmediata, a saber: la casa, la piscina y la patrulla canina.

» Así que, contra todo pronóstico, este año ha empezado felizmente Primaria (EBO) en un colegio de educación especial, con seis niños en su clase, donde cuenta con dos fabulosas maestras, una fisioterapeuta, una logopeda y un psicólogo que se desviven por sacar lo mejor de ellos.

» No lo segrego. Al contrario: segregarlo sería dejarlo en un rincón de la clase chupándose el dedo mientras los otros 29 niños sin discapacidad -albricias- avanzan con el currículo, hablan de sus intereses o juegan al fútbol en el patio. Cerrar los ojos a la evidencia no ayuda.

» Cualquiera de los que realmente desean lo mejor para su educación y su futuro (hablo de maestros, personal técnico cualificado, pedagogos y médicos) os reconocerá abiertamente que eso significa una clase de pocos alumnos y un personal dedicado en cuerpo y alma a su desarrollo.

» El mundo de la discapacidad es infinito en sus variables. Hay niños, por ejemplo, con discapacidades motóricas o sensoriales leves que pueden perfectamente integrarse en un aula regular. Otros lo harían hasta cierta edad y otros no sobrevivirían allí ni una tarde.

» Es una quimera hermosa y utópica hablar de una educación inclusiva en la que haya recursos para que los niños con discapacidad no queden relegados humana y académicamente. Pero, hoy por hoy, me temo, solo es una quimera.

#inclusivaSIespecialTAMBIEN
#StopLeyCelaa

Respuestas a un hilo que se ha hecho viral

La argumentación de Mar Velasco en primera persona enseguida alcanzó una gran difusión y así lo reconocía ella al día siguiente: «Sois muchísimos los que estáis apoyando, difundiendo y comentando mi hilo de ayer sobre educación especial, gracias de corazón. Me alegra haber podido explicar un poco mejor la realidad a la que se enfrentan estos niños y la necesidad incontestable de estos colegios».

Numerosos usuarios de Twiter comentaron el testimonio de Mar. Así, uno decía: «Mar, muy buen hilo, en él representas a muchas familias que hemos luchado y seguiremos luchando por dejarles a nuestros hijos una sociedad mejor. Yo empecé mi lucha hace 28 años, cuando no había ninguna educación especial, ahora no voy a dejar de luchar por mantenerla«.

Otro comentario añadía: «Totalmente de acuerdo: mi hija ha estado en un colegio con líneas para niños con y sin discapacidad, y eso sí es inclusión real. Ha convivido y compartido el día a día, y cuidado de ellos en caso de ser necesario. En un aula real de hoy en día, serán pasto de los acosadores».

El periodista deportivo Eugenio Mateo comentó: «Yo soy Asperger, y he llegado a sitios que muchos de los neurotípicos querrían estar. ¿Como? Pasando por encima de burlas, falacias…, pero no todos tendrán la suerte de hacerlo. Por eso es tan necesaria la educación especial, porque les ayudara a explotar sus capacidades. He aprendido a tortas, pero llevo con orgullo lo que soy. Ojala tu niño pueda hacerlo, merece al menos tener esa opción con la educación especial. Luchemos por conservarla y defendernos de una sociedad que nos mira con desdén porque no somos fotocopias neurotípicas».

La Ley Celaá erosiona en la práctica a los centros especiales

En el debate sobre la educación especial en la Ley Celaá, los defensores de esta ley (que son casi siempre afines en todo al Gobierno y no incluyen a las asociaciones de familias) insisten en que la ley no decreta que se vayan a cerrar los centros de educación especial, pero la Plataforma Inclusiva Sí Especial También (que ya ha reunido 300.000 firmas para que se mantengan estos centros con financiación pública) denuncia que en la práctica ese será el resultado al que quedarán abocados casi todos los niños y centros.

Las entidades a favor de la Educación Especial consideran que el proyecto de ley suprime, de facto, este tipo de educación al vaciarla de recursos y de financiación. El Ministerio de Educación promete que los centros de educación especial “se mantendrán para dar servicio a los estudiantes que requieran atención muy especializada y que serán centros de referencia para apoyar con sus experiencias a los centros de integración”.

Los críticos explican que en la práctica el Gobierno busca eliminar casi todos los centros y dejar muy pocos, con muy pocos alumnos y que sus profesionales sean personal itinerante -un día en un sitio, otro en otro- que hagan atención muy generalizada de centro en centro.

 

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