CIERTOS OLVIDOS EN EL XIX NACIONAL FARMACÉUTICO

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Como de todos es sabido, el día 22 de octubre se inauguró en Córdoba el XIX Congreso Nacional Farmacéutico que duró hasta el pasado día 24.

Lo cierto es que uno observa el panel de mesas, ponentes y temas a tratar y sinceramente, se echa en falta el abordaje de ciertas disciplinas, poco o nada desarrolladas en la profesión y entre ellas unas de las más importantes: la ética profesional y la deontología. Parece que son temas tabúes y creo que nos confundimos si así las pretendemos tratar.

En unos momentos de incertidumbre en la profesión, donde se buscan nuevos modelos de atención más eficaces y eficientes, donde se abordan cuestiones como la retribución, la revisión de la ordenación farmacéutica o el código de buenas prácticas en farmacia, no “coger el toro por los cuernos” en la ciencia de la ética, me parece una equivocación mayúscula. Debería ser una parcela de reflexión, evolución e implantación en la farmacia en todas sus vertientes, de especial preponderancia en un evento de estas características.

Permítaseme hablar, a muestra de ejemplo, de la dimensión antropológica de la dispensación en el ejercicio de la farmacia comunitaria, algo que confiere dimensión ética a nuestro ejercicio profesional. La dimensión antropológica de la dispensación es la consideración de que cada paciente que pasa por la farmacia es una PERSONA, con una dignidad como tal, con problemas de todo tipo y muchos muy concretos y que al farmacéutico, como el Marco Polo de las Ciudades Invisibles de Italo Calvino, le corresponde explorar el mundo interior de esa persona que tiene tras el mostrador, con la finalidad de ayudarle en todos los aspectos que corresponden a la persona, ya sean médicos, profesionales, familiares, psicológicos e incluso espirituales.

Cuando el farmacéutico tiene en su cabeza y en su mundo interior esa representación de la persona con su dignidad, su unicidad y su irrepetitibilidad, la mentalidad cambia poderosamente porque trata de ayudar en todos los aspectos posibles a quien está atendiendo profesionalmente; de tal manera que como una cuestión ética más en la farmacia, se nos plantea el hecho de QUE NADIE SE VAYA SIN ALGO BUENO MÍO, es decir, sin una palabra de aliento, sin una ayuda alrededor de los problemas de su vida, sin un descubrir si le han conducido a procesos de medicalización. Esa empatía hemos de lograrla pues incluso la relación que esa persona tenga con los tratamientos que deba tomar, será mucho mejor.

La empatía es de vital importancia aquí y es algo que debe ser desarrollado de forma indicativa en las normas deontológicas y aprendido y aprehendido de forma práctica. Es preciso pensar en los demás a la hora de actuar profesionalmente. Rápidamente podemos detectar con ligeras preguntas hechas con delicadeza, sin dañar su intimidad, pero con perspicacia, los problemas que pueda tener y de esta manera adelantarnos con nuestra mente a lo que le podemos aconsejar siempre de forma ética y desde mi criterio huyendo de esta terminología recientemente implantada de forzar las famosas “ventas cruzadas” que suelen ahondar muchas veces en la medicalización. Buscando siempre la integridad profesional.

Solamente con este aspecto a reflexionar, tendríamos para mucho en una mesa redonda. Pero hay mucho más, la ética es una ciencia viva, los dilemas éticos están ahí. ¿Por qué nos da miedo abordarlos?

José López Guzmán

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