¿Es verdad que Holanda va a comercializar una pastilla letal?

(Ref observatoriobioetica.org)

El Gobierno holandés encargó recientemente una encuesta-estudio para tratar de averiguar cuántas personas en ese país solicitarían la eutanasia, aunque no sufrieran una enfermedad grave, ni ninguna de las condiciones que ahora se exigen para acceder a ella, simplemente porque estuvieran «cansadas de vivir».

Estos días se ha difundido en los medios de comunicación social que Holanda iba a poner a disposición de las personas que quieran terminar con su vida una «pastilla letal», que podría ser utilizada por cualquier persona, aunque no reuniera los requisitos que hoy rigen en ese país para poder acceder a la eutanasia.

Así, se han difundido noticias como que, “Holanda aprobará una «pastilla letal»” para los mayores de 70 años cansados de vivir” (ver AQUÍ), o también que “Holanda plantea legalizar la eutanasia para personas mayores «cansadas» de vivir” (ver más), entre otros, pero al parecer, la cosa no es realmente así.

En efecto, el Gobierno holandés encargó recientemente una encuesta-estudio para tratar de averiguar cuantas personas en ese país solicitarían la eutanasia, aunque no sufrieran una enfermedad grave, ni ninguna de las condiciones que ahora se exigen para acceder a ella, simplemente porque estuvieran «cansadas de vivir». Para llevar a acabo este objetivo se completaron 21.294 encuestas entre la población general y 1.600 a médicos generales, así como se analizaron más de 200 solicitudes de eutanasias ya ejecutadas.

El pasado mes de enero de este mismo año se publicaron los resultados de dicho estudio con el título de: “Estudio PERSPECTIVO sobre el deseo de morir de personas mayores que no están gravemente enfermas”. En su elaboración participaron 12 expertos, pertenecientes a 5 prestigiosas instituciones universitarias holandesas.

En dicho informe se concluye que en 2019 había en los Países Bajos alrededor de 5.600.000 personas mayores de 55 años, según datos del CBS (Centraal Bureau voor de Statistiek).

En ellas se distinguen tres grupos: a) 76.000, el 1,34%, que tienen un deseo manifiesto de morir, sin estar gravemente enfermas, pero que aún no han hecho planes, ni tomado decisiones sobre ello; b) otro de 43.000 personas, el 0,77%, que tienen un deseo activo de morir, y han hecho planes e incluso tomando medidas y c) finalmente otro, de más de 10.000 personas, el 0,18%, que sí que habrían pedido explícitamente ayuda para morir. De este tercer grupo, el 61% deseaban morir por tener miedo a deteriorarse física o psíquicamente; el 56%, a la soledad; el 42% a ser una carga para sus familiares y la sociedad y el 36% por problemas económicos.

En general se puede decir, e incluso se deduce del estudio que se está comentando, que a la gran mayoría de las personas con ganas de morir y que no están gravemente enfermas, pero que pueden tener problemas físicos o mentales, se las podría incluir en un grupo específico «no saludable». Por otro lado, en el grupo de personas que desean morir el 67% son mujeres.

En relación con ello, ya en 2017, cuando se constituyó la actual coalición de Gobierno de ese país, se planteó la posibilidad de legalizar la eutanasia para personas que sencillamente mostraran su deseo de morir, pero al final se decidió no presentar ningún proyecto de ley en este sentido, pero, sin embargo, se decidió estudiar el problema. De ahí surgió el informe “PERSPECTIVA”, que ahora estamos comentando.

Tras la publicación de dicho informe, una diputada holandesa, Pia Dijkstra, ha considerado que a la luz de lo que en el mismo se concluye, sí que existe base para iniciar un debate parlamentario dirigido a evaluar si conviene legalizar la eutanasia para personas que no estén gravemente enfermas y que la soliciten por su deseo de morir; pero el Gobierno holandés no se ha mostrado favorable a este proyecto, pues ya desde su constitución, en 2017, se había comprometido a no abordar el tema antes de las elecciones de 2021.

También, en relación con ello, el actual ministro de Sanidad, Hugo De Jonge, ha manifestado que un cambio legal, como sugiere el Grupo Progresista D66, no es la respuesta al deseo de muerte de los mayores de 55 años, pero que “la sociedad debería hacer todo lo que esté en su mano para ayudar a estas personas a recuperar las ganas y el sentido de vivir”, e igualmente, la diputada de Unión Cristiana, Carla Dik-Faber, ha manifestado “que una pastilla para el suicidio nunca puede ser la respuesta a un sentimiento de duda, soledad o vida incompleta de los ancianos, no queremos que los mayores pierdan su sentido de seguridad. Queremos enviarles una señal clara: podéis estar aquí y hacemos todo lo que está a nuestro alcance para mantener vuestro lugar en la sociedad”.

Adicionalmente a todo lo anteriormente expuesto, se sabe que muchas de las personas que desean morir querrían disponer de una herramienta para suicidarse, no tanto para utilizarla de inmediato, sino para saber que disponen de ella y así poderla utilizar en el momento que deseen. Esto ha inducido a que se haya publicado la noticia de que el Gobierno holandés había aprobado la puesta a punto de una «pastilla letal» para las personas mayores de 70 años que manifestaran que estaban cansadas de vivir, lo que al parecer no es así, pues, en el momento actual no existe en el Gobierno holandés el consenso necesario para legalizar una «pastilla letal» para terminar con la muerte de las personas que lo deseen, sin reunir los requisitos que actualmente exige la legislación holandesa para acceder a la eutanasia.

Por otro lado, y en relación con este tipo de pastillas, ya en abril de 2005, una cadena farmacéutica belga había puesto a la venta un «kit de eutanasia». Dicho kit contenía los materiales necesarios para terminar con la vida de una persona, simplemente con una inyección intravenosa, pues incluía tres drogas (midazilam de 50 miligramos, tiopental de 1 gramo y vecuroniun de 10 miligramos) suficientes para producir la muerte, a la vez que en los prospectos que acompañaban a dicha kit se especificaban las condiciones de uso. El precio del mismo era de alrededor de 45 euros.

Posteriormente, en 2009, el doctor australiano Philip Nitschke, puso a punto otro «kit para el suicidio», que ofrecía los instrumentos y fármacos necesarios para llevarlo a cabo, e incluso publicó un libro “Killing me softly”, defendiendo esta práctica. Libro ampliamente criticado por los defensores de la vida. El kit del doctor Nitschke costaba alrededor de 250 libras.

Resumiendo, se puede afirmar que las noticias aparecidas en los medios de comunicación, manifestando que en Holanda se ha autorizado la eutanasia para los mayores de 55 años cansados de vivir, al legalizar el uso de una «pastilla letal», no son exactamente así, por lo que habrá que esperar a que el Gobierno de ese país se pronuncie sobre ello.

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