Debate ético sobre cuándo un feto puede vivir fuera del útero

Debate ético sobre cuándo un feto puede vivir fuera del útero

  • En EEUU la interrupción del embarazo es legal hasta las 24 semanas, pero un estudio reciente indica que los embriones de 22 pueden sobrevivir si reciben ayuda médica

  • La ley podría cambiarse, ya que el Tribunal Supremo estadounidense estableció en 1973 que el criterio para establecer el límite sería la “viabilidad” del feto

 Fuente EL MUNDO – PABLO PARDO Corresponsal Washington
PREMATURO 24 SEMANAS

Medio kilo escaso marcaba la báscula tras pesar a Emily Coultas, un bebé de Edimburgo que nació en la semana 24 de gestación. Un mes después del parto, su madre respira tranquila.

Miden 28 centímetros de la cabeza a los pies. Y pesan alrededor de 430 gramos. Así son los niños a las 22 semanas de gestación, es decir, a poco más de la mitad del embarazo. Hasta ahora, se daba por hecho que no tenían ninguna posibilidad de sobrevivir. Pero un estudio que analiza la evolución de 4.987 partos prematuros que se produjeron entre 2006 y 2011 en 24 hospitales, ha puesto de manifiesto que, si reciben ayuda médica, estas personas en miniatura sí pueden seguir viviendo, aunque tienen todo en su contra para lograrlo y, más aún, para conseguir una vida normal.

De hecho, según el estudio, las posibilidades de que un niño nacido a las 22 semanas de gestación sea 100% sano tanto desde el punto de vista físico como desde el de su desarrollo cerebral son escasas.

En el caso de los niños de 23 semanas, sus opciones son mejores. Pero, aun así, de acuerdo con el estudio, publicado en la revista científica New England Journal of Medicine, solo alrededor del 12%de ellos fue capaz de sobrevivir sin secuelas.

El análisis ha provocado una doble controversia en Estados Unidos. La más obvia es la relativa al aborto. En 1973, cuando elTribunal Supremo de ese país legalizó la interrupción voluntaria del embarazo, determinó que el criterio para establecer hasta cuándo podría realizarse es «la viabilidad» del feto.

Eso implica que el límite legal es aquel en el que la ciencia determina que el embrión no puede vivir fuera del útero de su madre. En la sentencia, el Supremo declara que ese límite está en las 28 semanas de gestación, aunque «podría ocurrir antes, incluso a las 24 semanas».

Desde entonces, en Estados Unidos, el límite para realizar abortos son las 24 semanas.

Sin embargo, y dado que el Tribunal Supremo abría en su sentencia la puerta a la posibilidad de que los estados limiten los criterios del aborto, más de una docena de ellos han reducido ese plazo a 20 semanas.

El recorte no ha estado exento de polémica. La principal organización que se encarga de realizar abortos en el país, Planned Parenthood, ha criticado la reducción alegando que hay una serie de malformaciones y enfermedades que no son detectables a las 20 semanas.

Según un sondeo realizado en 2014 por la consultora Gallup, el 61% de los estadounidenses cree que el aborto debe ser legal en los tres primeros meses de embarazo. Pero esa proporción se desploma al 27% en el segundo trimestre, que es el que incluye las 20 y las 24 semanas.

En realidad, solo alrededor del 1% del aproximadamente millón de abortos que se llevan a cabo en EEUU se produce después de la vigésima semana del embarazo, con lo que la controversia, en términos prácticos, afecta a menos de 10.000 casos. En Estados Unidos el número de abortos lleva descendiendo desde principios de la década de los 90, cuando alcanzó los 1,6 millones anuales, debido a la extensión de las prácticas anticonceptivas.

Claro, que el estudio ha desatado una segunda línea de debate, que no tiene que ver con el aborto, pero que es más urgente: ¿cuándo deben los hospitales prestar ayuda médica a los niños prematuros?

Ésa es una cuestión todavía más compleja, porque no hay ninguna regulación al respecto, y la decisión queda en manos de los médicos. Cada año nacen en Estados Unidos alrededor de 5.000 niños de 22 ó 23 semanas. Como declaraba ayer en The New York Times Neil Marlow, experto en nacimientos prematuros en el Hospital de la Universidad de Londres, «es muy difícil decirle a una madre: ‘Si das a luz hoy, no voy a hacer nada [para salvar al niño], pero, si das a luz mañana, voy a hacerlo todo’».

 

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