Alejandro Navas acaba de publicar -como él dice- «un pequeño libro de opinión». Se titula El aborto, a debate.

Su pequeñez sólo tiene que ver con el tamaño y extensión, no con el contenido. Y cuenta:

«lo empecé a final de dicembre, cuando se planteó el debate en España, con la idea de escribir un artículo, pero me salió algo más extenso. Lo edita EUNSA, en una colección divulgativa llamada «Persona y Cultura».

Estará a partir del lunes (17 de febreo 2014) en las librerías. Matizo: en las librerías a las que llega EUNSA, que no es más que una pequeña editorial universitaria. El precio oscilará en torno a diez euros. Se lee bien, según cuentan los que ya lo han visto, y en un par de horas.»libro

He podido verlo y casi leerlo, y entiendo que es muy bueno. Está escrito con rigor y con una rara cualidad universitaria que lo hace apto para todos. Desde despertar el interés en las entendederas medianamente racionales hasta cumplir las exigencias de los colegas.

Esto dice en la introducción:

El Consejo de ministros del Gobierno español aprobó el 20 de diciembre de 2013 la reforma de la Ley Orgánica 2/2010 de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (también conocida como Ley Aído, por Bibiana Aído, ministra de Igualdad y encargada de su tramitación
El revuelo que se organizó a continuación fue monumental, en la clase política y en la opinión pública. Seguramente ayudó a darle protagonismo la tradicional tregua noticiosa de las navidades. Se trataba de una iniciativa esperada, incluida en el programa electoral con el que el PP ganó por mayoría absoluta las elecciones generales de 2011 y que el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, había ido anunciando durante el primer año de la nueva legislatura. Aun así, la previsibilidad de la decisión gubernamental no ha quitado mordiente a la polémica.

Nos quejamos con frecuencia de la deficiente cultura del debate que hay en España: en general, sobran sectarismo y agresividad y faltan respeto y argumentos razonados. Mandan la crispación y la visceralidad. Estos rasgos peyorativos se agudizan en el caso del aborto, como estamos teniendo ocasión de ver en las semanas posteriores al anuncio del Gobierno. Es previsible que la situación no se modifique sustancialmente durante los meses próximos, cuando se inicie el trámite del correspondiente proyecto de ley.

Vengo estudiando el fenómeno social del aborto desde hace años [1], y de ahí que ese debate despertara de inmediato mi interés. Las páginas que siguen recogen el fruto de mi reflexión. En un tema como el aborto resulta muy difícil la neutralidad [2] y adelanto que tomo posición a favor de la vida. Sin embargo, intento hacer un esfuerzo para comprender cómo pudo surgir y generalizarse la cultura de la muerte.

Las reflexiones que presento a continuación no han surgido en el vacío. Se han alimentado de la conversación que es el alma de la Universidad: intercambio con colegas y con alumnos. Buena parte de lo que expongo aquí forma parte del contenido de mis clases de Sociología en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra y en un puñado de universidades latinoamericanas.
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[1] Cfr. Alejandro Navas, “El callado suicidio de una civilización”, en: Nuestro Tiempo, marzo de 1999, pp. 100-114; “El aborto en los medios de comunicación”, en: MUJER Y REALIDAD DEL ABORTO: UN ENFOQUE MULTIDISCIPLINAR, Actas del I Congreso Internacional Multidisciplinar “Mujer y realidad del aborto” (Cáceres, 8-10 de marzo de 2007), Asociación Extremeña de Amigos del Foro Español de la Familia, Cáceres 2008, pp. 116-130; “El primer año del Gobierno de Rajoy y la Ley del aborto”, en: Libro homenaje a Rafael Alvira, pendiente de publicación.

[2] Me parece que no tiene sentido intentar una objetividad al modo en que se pretende habitualmente en programas televisivos y radiofónicos y en otros foros: dar la palabra a partidarios y detractores de forma teóricamente equilibrada (un equilibrio que, en el caso del aborto, casi nunca se da).

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