Paula Bonet rompe el tabú del aborto en su nuevo libro

EL MUNDO – 14/09/2018

Tras sufrir dos abortos espontáneos y compartirlo en redes sociales, Paula Bonet se dio cuenta de que el tabú sigue rodeando a la pérdida gestacional. En ‘Roedores’ cuenta de forma íntima su experiencia

La artista Paula Bonet. SANTI COGOLLUDO

La primera vez que Paula Bonet (Villarreal, 1980) perdió el embrión que estaba esperando apenas habló de ello. «Sólo se lo conté a mi círculo más cercano. Todos decidieron que yo había sido la culpable. Por salir a cenar con las amigas, por haber inhalado aguarrás mientras pintaba, por viajar demasiado y no dormir lo suficiente». Así que cuando se quedó embarazada por segunda vez, intentó enmendarse. «Cancelé compromisos, me gasté el sueldo en comida orgánica, cociné en casa… Y pasó lo mismo», recuerda. Emocionalmente, el segundo aborto no fue «tan duro» como el primero, pero también sintió que «no tenía herramientas para gestionar» aquel dolor. ¿Qué hacer con todas las expectativas que se habían proyectado sobre la nueva vida que latía en su interior? ¿Cómo canalizar un duelo que la sociedad ignora y no permite?

«La noticia de un aborto te aplasta, te anula», explica Bonet, que decidió volcar su experiencia en Roedores (Literatura Random House), un libro que en realidad son dos: por un lado, un «acordeón» ilustrado con distintas versiones de la «ratoncita» que estuvo en su interior «como una osa silenciosa en hibernación» hasta que se fue «sin escándalo», sin casi hacer ruido; por otro, un diario escueto de los dos embarazos y posteriores abortos, una miscelánea en la que «se exploran más los huecos que las palabras», dice. En ella caben desde un email algo agitado que escribió a su ginecóloga a un poema de Anne Sexton, anotaciones sobre sus cambios corporales, una carta dirigida a su «querida hija» y distintas notas y apuntes que viajan por esa montaña rusa de las emociones que es el embarazo y la pérdida del hijo deseado. Sobre lo despojado de ornamentos del texto y su brevedad, Bonet afirma que ha «renunciado a mucho al escribirlo». «Necesitaba ahorrar palabras y adjetivos para huir del melodrama y el victimismo», explica.

De hecho, Bonet no se planteó escribir sobre el tema hasta que el pasado 15 de enero subió una fotografía a Instagram, un selfie de perfil, que acompañó con el siguiente mensaje: «Autorretrato en ascensor con embrión con corazón parado» y un dibujo de Louise Bourgeois. Una especie de salida del armario que lo cambió todo: la repercusión en redes fue casi instantánea, miles de mujeres compartieron con ella experiencias parecidas y Bonet se dio cuenta de que si tantas habían pasado por algo igual pero ella no sabía nada sobre el aborto antes de sufrir uno, eso sólo podía significar una cosa: que es un tabú. «No está en la conversación pública. Parece que las mujeres tengamos que vivir en las tinieblas, construyendo estructuras en las que habitamos sólo nosotras, zonas que los hombres no conocen», critica. Al día siguiente sacó del cajón el diario que había ido escribiendo y se lo entregó a su agente para que buscara editor, decidida ya a contar su historia. Bonet se muestra «prudente» con las redes sociales, a las que ve como «un lugar que te puede engullir», pero dio el paso, confiesa, «por el compromiso que tengo con las de mi género».

No hay cifras oficiales sobre el aborto espontáneo en España, tampoco un protocolo hospitalario de carácter psicológico que acompañe a las miles de mujeres que cada año padecen uno o varios. Como la muerte perinatal, la endiometrosis o la desesperante lucha contra la infertilidad, el del aborto espontáneo es uno de los muchos tabúes que aún rodean a la maternidad del tampoco hay apenas literatura en la que encontrar algún tipo de consuelo. Por eso, Bonet espera que su libro sirva, al menos, para «poner el tema encima de la mesa» porque, insiste, «lo que no se nombra no existe».

Además de luchar contra la invisibilidad social del aborto, Roedores aborda una de las reacciones que muchas mujeres tienen al sufrir uno: la culpabilidad. «Aunque intentes ser coherente y mantener el temple, cuando te dicen que hay algún problema con el embrión el primer sentimiento que te asalta es que tienes una tara, que has fallado», explica la autora. Si resulta difícil huir de la culpa, más lo es llevar el trance bien. «Yo seguramente lo he hecho fatal. Pero también los que estaban cerca mío. Los dos abortos coincidieron el mismo año que mi hermana y cinco amigas se quedaron embarazadas. Primero, ellas no venían a verme. Y, después, no venían a verme con los niños. ¡Y eso que yo no tenía nada en contra de mi sobrino!», recuerda Bonet, que aquel año también perdió a dos abuelos. Para ella, enfrentarse al tema sigue siendo difícil porque es «una historia que no ha terminado», cuyo desenlace sigue en el aire.

¿Y ahora? «Ahora ya no sé nada», se sincera. «Ni siquiera sé si quiero ser madre», añade. «Me propuse serlo hace dos años, a los 36, en una lucha contra el tiempo en la que, en el fondo, me había colocado el contexto capitalista y patriarcal en el que vivimos», reflexiona. Más conclusiones: «Nos avergonzamos de hablar de las emociones», asegura. «Vivimos de espalda al dolor y forma parte de la construcción del yo», precisa.

Bonet también ha aprendido que la maternidad lo cambia todo. «Incluso la maternidad que más se acerque a la idea más tradicional que nos podamos imaginar de ella tiene partes muy oscuras. Yo sólo he estado embarazada tres meses en dos ocasiones y noté cómo mi relación cambiaba con el mundo. Mientras gestas no te perteneces, eres como un muro, un lugar seguro. Te vuelves loca». Luego, tras los abortos, sintió como su cuerpo volvía a ser suyo.

Bonet, que está ilustrando otro libro sobre la pérdida, El año del pensamiento mágico de Joan Didion (que verá la luz en mayo), cree que «habría sido mucho más fácil ocultarlo todo, seguir con mi vida y dedicarme a pintar paisajes en el Empordà». «Pero, por doloroso que sea», afirma, «no quiero darle la espalda. Sobre todo después de ver cómo con aquel post salían todas aquellas ratitas de las alcantarillas». Para ellas son estos Roedores.

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