«No voy a contribuir a acabar con una vida humana»

LA GACETA.- 13-JUL-2015

luismelgarejo_porLuis Melgarejo, el farmacéutico de Sevilla que se niega a vender la píldora del día después, sostiene que este medicamento tiene como objetivo acabar con la vida del embrión.

No quiso contribuir a acabar con una vida humana y fue multado con 3.300 euros. El caso de Luis Melgarejo, el farmacéutico sevillano al que la Junta de Andalucía sancionó por no distribuir en su establecimiento preservativos y la «píldora del día después», llegó hasta el Tribunal Constitucional, que reconoció su derecho a objetar en conciencia. Luis espera ahora que la sentencia del Alto Tribunal sirva para que «ningún farmacéutico sea multado por seguir su conciencia».
¿Cómo se siente después de conocer la decisión del Tribunal Constitucional de respetar su derecho de objetar en conciencia?

La verdad que estoy muy satisfecho. Creo que es injusto que se obligue a los farmacéuticos a vender un medicamento sin prescripción médica por imperativo legal, y más si se trata de un medicamento como la píldora. Espero que la sentencia establezca un precedente y que ningún farmacéutico más sea multado por seguir su conciencia.

-¿Se esperaba este resultado de la sentencia?

La verdad es que han pasado muchos años y ha sido un proceso muy difícil. Era complicado que saliera adelante y no estábamos muy esperanzados con el resultado. Ahora me alegro de haber emprendido este proceso porque creo que puede establecer un precedente que ayude a otros farmacéuticos en la misma situación.

-¿Por qué cree que fue injusta la multa que tuvo que pagar por no disponer en su farmacia de la píldora del día después y de preservativos?

Porque no me pueden obligar a violar mi conciencia, el Estado no me puede obligar a violar mi conciencia. Creo que es mayor el perjuicio que tiene para mi conciencia el vender un medicamento que considero tan perjudicial como la píldora, que el perjuicio de una chica que tenga que trasladarse 200 metros para acudir a otra farmacia en la que sí la vendan. Por eso el Tribunal Constitucional ha reconocido mi derecho a la objeción de conciencia.

-¿Qué opina de que se considere la distribución de la píldora como un derecho de la mujer?

Yo comprendo que ese derecho existe en cuanto que está reconocido por la ley. Otra cosa es que yo lo entienda o lo comparta. A pesar de esto, creo que mi decisión de no vender un medicamento por motivos de conciencia no vulnera el derecho de nadie y menos en una ciudad como Sevilla, en la que hay muchas más farmacias. Es cierto que si viviera en otra localidad más pequeña en la que sólo hubiera una farmacia, trasladaría mi establecimiento a otra ciudad para no perjudicar a nadie, pero no es el caso.

-¿Y su firme decisión de no dispensar la píldora se debe a principios religiosos o a razones sanitarias?

Mi decisión es totalmente científica, se trata de una cuestión química. La píldora impide el nacimiento de un embrión, y yo creo que hay vida desde la concepción y antes de la implantación en el útero. Por lo que si vendiera la píldora, estaría contribuyendo a acabar con una vida humana y eso no me lo permite mi conciencia. Además, los efectos secundarios que provoca la píldora en las mujeres que la toman son muy graves.

-¿Se ha sentido solo en esta lucha por defender su derecho a la objeción de conciencia? ¿Cree que hay más farmacéuticos que piensan como usted?

Al principio pensé que era el único que había sido multado por no querer dispensar la píldora, pero luego me enteré de que otras dos farmacias en España han sido multadas por el mismo motivo. Después de que se conociera mi caso y la decisión del Constitucional, he recibido muchas felicitaciones y el agradecimiento de otros farmacéuticos. Somos muchos los que pensamos así y hay muchas farmacia que como la mía no distribuyen la píldora, aunque a ellas por suerte no las han multado. Sí es cierto que creo que hay también muchos compañeros que aunque piensan como yo, tienen miedo a las repercusiones que pueda acarrearles no vender la píldora del día después.

-¿Por qué meterse en una lucha judicial tan larga por su derecho a objetar? ¿No habría sido más fácil pagar la multa y olvidarse del tema?

Cuando nos pusieron la denuncia y tuvimos que pagar la multa, hablé con mi socio y nos planteamos si solucionarlo pagando y punto, pero luego pensamos que queríamos librar esta batalla por este derecho. No sólo por nosotros, sino también por otros muchos compañeros. Creemos que el derecho a la objeción de conciencia es importante, por eso también pertenezco a una asociación de objetores de conciencia. No haber luchado por este derecho hubiera sido una incoherencia.

-¿Mantenerse fiel a su conciencia le ha afectado de forma económica?

Obviamente, yo hubiera ganado mucho más dinero si hubiera decidido vender preservativos, porque es un producto muy demandado y más en una farmacia tan céntrica como ésta. Lo mismo con la píldora. Pero creo sinceramente que hay cuestiones mucho más importantes que las económicas a la hora de tomar la decisión de distribuir un medicamento.

-¿Por qué cree que es importante luchar por defender la objeción de conciencia, más aún en un sector como el sanitario?

Creo que es un derecho fundamental y hay que luchar por que se respete. Creo, por ejemplo, que es mucho más importante defender la vida y hacer valer tu criterio profesional, que pararse a pensar en las consecuencias económicas o en el miedo. Aun así creo que no se puede objetar a cualquier cosa, tiene que haber un criterio, y por supuesto no tiene nada que ver con la desobediencia civil.

¿Y respecto a lo que sí le ha obligado el Alto Tribunal, que es a vender preservativos?

Me parece que es absurdo que me obliguen a vender algo que se vende en cualquier lado. Yo prefiero no vender preservativos por motivos de conciencia. Tengo que seguir estudiando la sentencia para ver si recurro este aspecto de los preservativos, aunque eso ya sería ante una instancia europea.

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