Las vergüenzas de la Sanidad británica

El escándalo de Stafford, con cientos de muertos por negligencia, es la punta del iceberg de una red hospitalaria desastrosa. Ocho centros más están bajo investigación.

El escándalo de Stafford, con cientos de muertos por negligencia, es la punta del iceberg de una red hospitalaria desastrosa. Ocho centros más están bajo investigación.

ABC.-11/02/2013.-La sanidad pública británica gozó durante varias décadas de una reputación impecable. El NHS (siglas de Sistema Nacional de Salud) se vanaglorió de ser la primera organización gubernamental del mundo en proveer asistencia sanitaria a toda la población. Poco a poco, aquellos años dorados en los que los países europeos miraban hacia Reino Unido en busca de un modelo a seguir se han ido desvaneciendo. Hoy en día, es una institución que adolece de grandes problemas estructurales, cercada por las interminables listas de espera y una merma en la calidad de los tratamientos hospitalarios.

Cada familia británica representa un gasto medio de 5.300 euros anuales, una cifra que al Gobierno cada vez le cuesta más cuadrar con la mengua de los recursos económicos que el NHS viene encajando en los últimos años.

El último escándalo en el hospital público de Stafford (centro de Inglaterra), donde entre 400 y 1.200 enfermos murieron innecesariamente en cuatro años fruto de una pésima atención recibida, ha puesto de forma descarnada ante los ojos de ls ciudadanos un sistema sanitario en el que no confían demasiado.

El primer ministro británico, David Cameron, se vio obligado a dar la cara y pedir disculpas públicas la semana pasada, después de que se difundieran las conclusiones de una escalofriante investigación de 1.800 páginas sobre el maltrato sistemático a los pacientes de ese centro sanitario, privados incluso de agua y alimentos, traduciéndose en una altísima tasa de bajas mortales entre 2005 y 2008. La descripción hecha por el propio Cameron conduce al estupor: «Había pacientes tan desesperados por el agua que bebían de floreros sucios», dijo en la Cámara de los Comunes.

Un ejército de inspectores

El caso del siniestro hospital de Stafford, donde los recepcionistas incluso decidían si el paciente debía ingresar y enfermeras sin la cualificación adecuada atendían a enfermos en estado crítico, podría ser sólo el primer capítulo de una espantosa serie de sufrimiento humano. Ahora la investigación prosigue en ocho centros más, con unas sospechosas tasas de mortalidad muy por encima de la media.

Para calmar los ánimos de una ciudadanía consternada con una confianza cada vez menor en el sistema de salud público, David Cameron ha prometido la puesta en marcha de un cuerpo de inspectores para velar por unos centros sanitarios seguros, que deberá aplicarse en un marco de drásticos recortes.

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