«La sociedad no te enseña a morir»

María Ángeles Hassán y su familia convivieron 24 años con su madre en coma vegetativo. La fe y el apego a la vida les ayudaron a sobrellevar una situación muy difícil

ABC – 07/04/2019

María Ángeles Hassán, y su marido,recuerdan a su madre (en la foto, en primer plano) en el álbum familiar

María Ángeles Hassán tiene 42 años. Solo tenía 9 cuando llegó el terrible mazazo. Su madre enfermó y entró en coma por una subida de azúcar. Permaneció 24 años en estado vegetativo, siempre en casa de sus padres, y junto a sus otros dos hijos. «Somos una familia muy unida. Nunca le faltó un cuidador. Nos repartíamos», dice con satisfacción esta madrileña. El de María Ángeles es un eterno grito a la vida: su madre, de nombre también María Ángeles, era médico y se agarró con fiereza a los últimos alientos de vida de todos sus pacientes para tratar de salvarlos. De la misma forma, su familia se aferró con ella y le perdió el miedo a la muerte.

Pocas horas después de conocer el suicidio asistido de María José Carrasco, ayudada por su marido Ángel Hernández, María Ángeles reclama comprensión para este hombre septuagenario. Se pone en su piel porque ha estado en ella. Pide «no juzgar» las decisiones de las familias que se hallan en una tesitura que no tiene vuelta atrás. «Yo estoy tranquila. He hecho lo que tenía que hacer. Pero ser muchas manos ayudó; uno solo no puede, llega un momento en que se rompe y por eso, cuando se está más vulnerable, se llega a pedir la eutanasia», habla, junto a su marido, en su casa de Madrid. «Yo creo que este hombre ha sufrido un desgaste y un deterioro inmenso por una situación que es muy, muy dolorosa. Psicológicamente está sobrepasado tras tres décadas cuidando de su mujer. Me da mucha pena», añade.

No niega que el suyo fue un viaje compartido y durísimo. «Durante 24 años, con mis abuelos, la atendimos en todo. La levantaban, la aseaban, incluso la sentaban en el comedor frente a la tele. Le hablábamos, le contábamos todo lo que nos pasaba, tanto mis hermanos como yo», comenta.

No admite bajones psicológicos. «Es doloroso, te preguntas por qué tu madre no te lleva al colegio como a los demás, pero en ningún momento dudamos de que queríamos que estuviera bien y siguiera con nosotros». Se mantuvieron fuertes –la fe ayudó, reconoce– y «nunca se nos pasó por la cabeza desconectarla, nunca se planteó. Ni una sola vez».

«Mis héroes»

En su relato, enfatiza que, su madre, al entrar en coma, ingresó en urgencias y a los tres meses, los galenos advirtieron que «médicamente no había nada que hacer, que allí no podían seguir». Sus abuelos tomaron la determinación de llevársela a casa y murieron sin ver dignificada su lucha. «Cuando ahora lo cuentas y la gente constata cómo cuidaron a mi madre durante 24 años, cómo sacaron adelante a sus 5 hijos y 3 nietos, en la misma casa, la gente sí reconoce que son héroes». María Ángeles se rompe al recordarles. «No flaquearon jamás porque la querían con locura», llora.

Finalmente, María Ángeles madre murió de un cáncer sobrevenido al coma. Los últimos meses los pasó interna en la unidad de cuidados paliativos del Hospital especializado Vianorte-Laguna de Madrid. «Se necesita un equipo que te arrope, psicólogos, facultativos, ayuda espiritual…».

En el caso de María José Carrasco, tenía 32 años cuando se le diagnosticó esclerosis múltiple. Siete años después no pudo más y quiso quitarse la vida. Su marido lo impidió, pero prometió ayudarla llegado el momento. Cuando los dolores fuesen irreversibles. El «momento» escogido, precisamente, ha sido motivo de otra polémica peliaguda. Este hombre de 70 años ha cobrado un protagonismo inusitado porque se entregó a la expectativa de que se aprobaría una ley eutanásica en el Congreso de los Diputados. «Visto lo visto», como él mismo declara, le dio una medicación letal a su mujer y se ha convertido en la primera persona en España que es detenida y pasa una noche en el calabozo, hasta su puesta en libertad sin medidas cautelares el jueves por la noche, por haber auxiliado a un ser querido en su suicidio.

El precedente más claro, el de Ramona Maneiro que ayudó a su amigo Ramón Sampedro en 1998 a poner fin a su vida, no pasó por los tribunales ni las comisarías, ya que cuando se hizo público, el delito castigado en el artículo 143 del Código Penal había prescrito.

Legislar en caliente

Metidos en plena campaña electoral y con un partido, el PSOE, que usa de forma oportunista un asunto que llevó al Parlamento durante la corta legislatura, el debate ha generado una batalla política sin caretas. Al margen de este sesgo interesado, la pregunta de eutanasia sí o eutanasia no sobrevuela de forma extemporánea la refriega parlamentaria y también espolea el imaginario popular. Un asunto tan esencial como la vida no se decide en un café y la opinión ciudadana está claramente dividida, a veces confundida con términos médicos que la enmarañan. La conmoción por una muerte como la de María José no puede conducir a legislar en caliente.

Y, mientras esto ocurre, los expertos en cuidados paliativos demandan que se priorice una ley mucho menos lesiva y que suscita menos controversia ética y moral: una legislación pionera de cuidados paliativos en nuestro país para que estos, que alivian el dolor y ayudan en el tránsito final de la vida a la muerte, lleguen a los 150.000 pacientes terminales que ahora mismo hay en España. «La mitad de ellos no la están recibiendo. Hay que acercar más atención a los enfermos incurables», dice a este diario la doctora Yolanda Zuriarraín, miembro de la Asociación Bioética de Madrid. «La sociedad no te enseña a morir», destaca, por su parte, la médico de cuidados paliativos Raquel Puerta.

Los psicólogos que, como Ángel Alonso, trabajan con enfermos terminales coinciden en un diagnóstico: el cuidador debe descansar. Analiza cómo cada persona asume su destino conforme a su capacidad de resiliencia, con mayor o menor grado de aceptación, pero en todo caso, el nivel de saturación al que aboca el esfuerzo de cuidar a una enferma en fase terminal, como María José, que se sentía encerrada en su cuerpo y con la voluntad perenne de morir, es inconmensurable, destaca.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.