Diez años de venta libre de la PDD: entre la desbanalización de su uso y la objeción

Reportaje de «El Global» con motivo del 10 aniversario de la norma de dispensación libre de la píldora post coital. Recoge, entre otras opiniones de sociedades profesionales y médicas, unas declaraciones del coordinador general de Andoc que reflejan parcialmente la postura de la asociación sobre esta medida:

(Ref elglobal.es)

Son muchos los medicamentos que han visto —y verán— cambiar su status original como producto sujeto a prescripción médica a su actual catalogación como fármaco de libre dispensación (o viceversa). Sin embargo, si hay un caso que se recuerda, por su importancia pero, por qué no decirlo, por polémico y mediático, fue el paso a la venta libre de la píldora del día después (PDD), del que ahora justo se cumplen diez años (octubre de 2009).

El Ministerio de Sanidad —bajo dirección por entonces del PSOE— justificó en esta decisión cara a “facilitar el acceso de la mujer” a este anticonceptivo de urgencia. Solo en su primer año de libre adquisición, se constató un crecimiento de las ventas de más de un 200 por cien, según los datos que aportaban por entonces las principales distribuidoras farmacéuticas, como así recoge la hemeroteca de EG. Mientras, en el resto de la década, la cifra de dispensaciones se ha mantenido estable, según datos de IQVIA.

Ese “boom” constatado tras su cambio de status fue llevado a su terreno tanto por partidarios como por detractores de la medida. Los primeros se reafirmaban en que los datos avalaban la necesidad de un mejor acceso. Los segundos denunciaban la banalización de su uso como anticonceptivo “de uso habitual”. Incluso, al albor de esta oposición surgieron asociaciones farmacéuticas ex profeso para esta lucha, como la Plataforma de la Profesión Farmacéutica. Otras, aunque ya existían, vieron crecer su notoriedad con este debate, como era la hasta entonces prácticamente anónima Asociación Española de Farmacéuticos Católicos.

Tranquilidad diez años después

Según los resultados de la última Encuesta Nacional sobre la Anticoncepción en España (2018), elaborada por la Sociedad Española de Contracepción, el 30 por ciento de las mujeres en edad fértil declara haber tenido que recurrir en alguna ocasión a la toma de la PDD. Este porcentaje se eleva al 38 por ciento en las mujeres de 25 a 34 años de edad. Y diversos estudios pasados, como uno elaborado por la Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria, sitúan en torno al 40 por ciento la cifra de mujeres que han recurrido a este anticonceptivo en más de una ocasión.

Al margen de los análisis que puedan tener estos datos, diez años después de que ese acceso se lleve a cabo de forma libre, y aún con las posturas de cada entidad inamovibles, puede decirse que reina la normalidad. Una normalidad a la que, una vez más, han contribuido decisivamente las farmacias comunitarias para evitar una banalización de su uso.

Incluso, su propia tranquilidad: “el paso a su libre dispensación informada legalizó una intervención de necesidad habitual en las farmacias; en las farmacias se producen infinidad de intervenciones (dispensaciones) de necesidad en las que el farmacéutico no tiene a día de hoy amparo normativo”, apunta a El Global Luis de Palacio, presidente de FEFE. De Palacio considera que, en un repaso de esta década, el resumen pasaría por destacar “la labor de asesoramiento del farmacéutico”.

También desde Sefac, Neus Caelles, de su comité científico, recuerda la labor de formación y apoyo que desde esta sociedad científica se ha dado al farmacéutico comunitario “en beneficio final del usuario”. Por ejemplo, Sefac tiene editada una ‘Guía para la dispensación de la anticoncepción de urgencia’ y también ha realizado cursos sobre ello.

Entre medias, el derecho a objetar

Si hay un momento a destacar en esta década recién cumplida es julio de 2015, cuando el Tribunal Constitucional confirmaba el derecho de los farmacéuticos a la objeción de conciencia en la dispensación de la PDD, así como (en los casos de los titulares) la no obligación de disponer de ella en el stock de su botica. Eso sí, previo obligatorio registro como objetor en su colegio. Por esas fechas, en regiones como Comunidad Valenciana, la Generalitat y su Consejería de Salud estaban anunciado que “actuarían” contra los objetores.

Es la única ‘alegría’ que en este tiempo han tenido los profesionales que se oponen a esta libre adquisición. “Esa sentencia es un gran logro para la sociedad en general, y para los farmacéuticos en particular, para ejercer de modo libre y responsable su profesión”, valora José Antonio Díez, secretario de la Asociación Nacional para el Derecho a la Objeción de Conciencia (Andoc).

Eso sí, la valoración de estos diez años para la asociación “es preocupante, porque se ha banalizado su uso y constituye un problema de salud pública”, expone el secretario de Andoc. “De los dos objetivos principales que tenía la medida, uno se ha cumplido: el fácil acceso; otro ha fracaso de lleno: su incidencia (reducción) en el número de embarazos no deseados y de abortos”, opina Díaz.

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