Lesbiana y feminista, Julie Bindel investigó el vientre de alquiler: pide su completa ilegalización

Pablo J.Ginés/ ReL 3 de mayo 2017

Julie Bindel es una veterana a periodista y activista feminista, que denuncia los horrores de los vientres de alquiler

Julie Bindel, inglesa, nacida en 1962, es activista feminista desde su adolescencia, escribe en The Guardian de temas ligados a la mujer y la violencia desde 2001, como free-lance, y es lesbiana. El periódico The Independent la incluyó en 2010 en su lista “Los 101 gays y lesbianas más influyentes de Gran Bretaña”, aunque no ha sido una activista por el matrimonio gay porque cree que el Estado no debería regular los matrimonios.

Desde adolescente, a Julie Bindel le indignaba que ciertas mujeres fueran consideradas sin valor, o inferiores. En 1981 fue condenado “el destripador de Yorshire”, que había asesinado a 13 mujeres en cinco años. A Julie le indignó saber que la Policía no investigó en serio mientras las víctimas eran solo prostitutas. Solo cuando murió una mujer no prostituta la Policía se volcó en serio en el caso. En 1990 co-fundó Justice for Women, un grupo de acción legal para cambiar leyes que, en su opinión, minimizaban los castigos a asesinos de mujeres y agresores violentos.

No al vientre de alquiler, tampoco al “altruista”
Julie Bindel tiene claro que la industria de los vientres de alquiler daña a las mujeres y a los niños y dice que no debe ser legalizada en ningún país. Advierte además de que no puede justificarse nunca bajo la tapadera de los casos “altruistas”, que son un mero truco para legitimar un negocio millonario. Ha estado en la India y en Camboya conociendo la situación de las mujeres pobres que allí se dejan inseminar y embarazar con los hijos de “blancos ricos de Occidente”, y ha escrito sobre eso en The Guardian (por ejemplo, aquí). Ahora colabora con la plataforma internacional StopSurrogacyNow y ha visitado España junto con otros activistas para pedir que España mantenga sus leyes que no reconocen ningún tipo de gestación por vientre de alquiler.

Como la industria del sexo: una industria que miente
“La industria del vientre de alquiler es como la industria del sexo, prostitución y pornografía: es dañina, es egoísta y usa la propaganda para engañar. El vientre de alquiler no es necesario en ningún caso. Busca normalizar la utilización de la mujer, y lo denuncio como feminista. Yo creo que la mejor forma de proteger a los niños es proteger a las madres y las mujeres”, explicó Bindel en la presentación en Madrid del documental Breeders, uno de los documentales de StopSurrogacyNow (puede verse subtitulado al final de este artículo).

“La industria del vientre de alquiler miente como los proxenetas que nos dicen que sus prostitutas son felices, o aquellas tabacaleras que decían que el tabaco no tenía efectos cancerígenos”, aclara.

Como periodista señala también el uso de la publicidad en este negocio, con reportajes en periódicos que muestran “parejas de gays, casi siempre hombres, porque es exótico y tierno verlos con el bebé; cuando la clienta es una mujer, aparece ella con el bebé dulce… ¡la que no aparece casi nunca es la gestante, una mujer anónima, sin historia, sin rostro!”

La importancia del lenguaje
Julie afirma que hablar de “maternidad subrogada” es como llamar a una violación en un burdel una “ruptura de contrato” o llamar “trabajadora del sexo” a la prostituta o esclava sexual. “El lenguaje es clave, aquí hablamos de tráfico de úteros. En la industria llaman a la gestante ‘la subrogada’: no tiene nombre, no tiene identidad… es un recipiente para lograr el bebé sonriente”.

Insiste en que la “gestación altruista” no existe: “Una vez legalizado, ¿cómo puedes impedir que alguien pague a alguien, argumentando cualquier compensación o excusa? Siempre será comercial, y no hay forma de que una regulación impida que lo sea. Es una industria deshumanizante que comercia con cuerpos humanos. No puede haber buenas regulaciones ni en países ricos ni pobres, porque el tamaño de la industria hace que tenga una dimensión global”.

Julie aceptó hablar con ReL acerca de cómo desarrolla su activismo contra la industria de la subrogación.

– ¿Cómo empezó usted a interesarse en los vientres de alquiler?
– Oí hablar de ello como negocio hace unos quince años y desde el primer momento vi que era un negocio. Después, hacia 2012 o 2013, yo estaba preparando un libro sobre el movimiento LGTB. Yo negaba que el matrimonio gay fuera realmente como el matrimonio, creo que es otra cosa. Pero veía a los hombres gays que querían acceder a bebés, como emulando la familia tradicional. Esos gays presentaban el vientre de alquiler como un derecho humano. Pero no lo es. Desde luego, no para la mujer gestante que alquila su cuerpo y arriesga su salud. Nunca he pensado que tener un niño sea un derecho.

– ¿Cree que el vientre de alquiler es importante como arma política para el movimiento LGTB?
– Yo soy lesbiana y el movimiento LGTB no necesita ya armas políticas porque ya no hay lucha. Los gays lo tienen todo: ya tienen su boda grande, con accesorios de moda, y ahora el accesorio fashion, de moda, es el bebé. Unos hedonistas privilegiados quieren normalizar el vientre de alquiler, en vez de adoptar, que es más complicado, te exigen requisitos. La industria usa a las parejas gays como propaganda: “Mira, estaban discriminados, pero ahora son felices gracias a los niños que les damos”, dicen los anuncios. Esto no es un tema de derechos LGBT ni de derecho a tener hijos, no existe tal derecho. Es un tema de derechos de las mujeres gestantes y de los bebés.

– Usted consigue escribir de estas cosas en The Guardian, un periódico de izquierda liberal…
– En realidad soy free-lance y no solo publico en The Guardian, también en algunos medios conservadores. Pero esto no es tema de izquierdas o derechas, aunque muchos progresistas me han regañado. Creo que nadie debería apoyar el vientre de alquiler. Es como permitir el tráfico de órganos de pobres, esa industria que compra riñones a los pobres del Congo… aunque el pobre acepte, el Estado, la comunidad internacional, debe impedirlo.

– Usted estuvo investigando en la India, pero allí hay ahora restricciones a los vientres de alquiler…
– Restricciones que no sirven para nada, porque se sigue haciendo de todo, y cuando no se atreven te reenvían a un colega a Tailandia y te dicen “allí puede hacer usted incluso selección de sexo”, como me dijeron a mí. Hay quien dice: “esta industria apoya a las familias de mujeres pobres, hay que legalizarla con leyes que garanticen el beneficio a las familias”. Y lo venden como si fuera algo generoso. Es falso, es un timo. Si de verdad quieren combatir la pobreza y ayudar a esas familias, denles un trabajo, unas becas para estudiar, comida, etc…

Gestantes bajo vigilancia en la India; llevan los bebés con la genética, en su mayoría, de occidentales ricos

 

– Pero los defensores del vientre de alquiler dicen que si se legaliza con muchos controles nadie saldrá herido…
– Eso es imposible, es hipócrita, nunca funcionará. Los controles no pueden evitarlo. Es un tema global y siempre habrá mujeres pobres en la India con maridos que las presionan, o analfabetas, que no saben lo que firman. Hemos traído a España el caso de Kelly Martínez: la contrataron para gestar una parejita, niño y niña, pero cuando vieron que gestaba dos niños gemelos la dejaron tirada. Kelly es blanca, occidental, norteamericana, alfabetizada y mira cómo el negocio la usó. Imagínate con mujeres pobres, de la India. Ningún control protegerá frente a un negocio que mueve tanto dinero. Yo no soy relativista cultural: esto daña a las mujeres occidentales y también a las de otros países. La prohibición debe ser total.

– Con todo, habrá gente que diga que “no veo que sea tan malo”.
– Si legalizas los vientres de alquiler, das el mensaje a las nuevas generaciones de que los cuerpos son algo para comprar o alquilar. Hubo una época en que los pobres vendían su sangre. Hoy pensamos que eso es enfermizo, de desesperados, pero puede volver. Si no lo paramos, las nuevas generaciones pensarán que el cuerpo de la mujer no solo sirve para vender, sino que el cuerpo mismo se puede vender. Esta visión afectará a todas las mujeres, no solo a las que lo vendan. Por otra parte, si ser un niño adoptado ya tiene sus complicaciones, mucho más los hijos del vientre de alquiler. Al crecer quieres saber tus orígenes, tus raíces, saber de tu herencia biológica. No creo en el determinismo biológico, pero si comercializas el nacimiento, tendrá un efecto…

– Dirán que sus miedos son de persona tradicional…
– En absoluto, no, yo vengo de una familia muy alternativa, soy lesbiana, feminista, no soy una tradicionalista… Pero comercializar la fertilidad, convertirlo en producto, hace que la persona sea producto, lo vean o no los padres que lo contratan. Puedo darle montones de ejemplos, personas como productos desechables: una pareja encargó ocho bebés para que nacieran a la vez de 5 madres subrogadas, sólo para lograr que dos fueran gemelos… Hay muchos casos.

– Si es un negocio, habrá productos de lujo…
– Me pone de muy mal humor el comercio de leche materna, cuando ofrecen a la gestante más dinero para que, tras el parto, den de mamar al bebé. Se sabe científicamente que eso es algo que crea lazos más fuertes entre la madre y el bebé, así que, simplemente, pagan más. Debe ser terrible cuando finalmente los separan. Pagarán más para sacar más de mujeres más pobres o más desesperadas. Incluso un obrero explotado en la mina no vive en la mina las 24 horas durante 9 meses.

– ¿Qué le dice usted a las mujeres solas o lesbianas que dicen que tienen derecho a ser madres?
– Que, si acaso, recurran a la adopción, como las parejas infértiles. Pero, en cualquier caso, que sepan que no tienen derecho a un bebé, que eso no es un derecho humano. Que en ningún caso se involucren en esta industria. Para lesbianas, o solteras, incluso diría que es mejor llegar a acuerdos con amigos que liarse con una poderosa empresa llena de dinero. Sí, muchas mujeres tienen una tendencia a la maternidad muy fuerte, pero deben enfocarla de otras maneras.

[Nota de ReL: En ReligionEnLibertad defendemos la postura de la Iglesia Católica, que recuerda que son los niños los que tienen derecho a un padre y una madre, a nacer y ser engendrados en un matrimonio y en el abrazo conyugal, a crecer aprendiendo de sus padres la complementariedad hombre-mujer, la paternidad y maternidad y la conyugalidad, y que la adopción debe imitar en lo posible a la naturaleza. Publicamos testimonios de expertos que no comparten todos estos puntos pero denuncian el daño que causan los vientres de alquiler].

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